981festival Son Estrella Galicia 2010, la crónica

We Love, los grandes triunfadores

La edición de ste año del 981Festival Son Estrella Galicia pretendía asentarse definitivamente como un referente en cuanto a eventos electrónicos confinados en nuestra barreras y en esta edición, su parentesco en filosofía con el Sónar es muy evidente, como ya indicamos en nuestra nota previa al evento.

Comenzó el viernes 15 de Octubre, con la jornada Pre981 en el jardín MACUF, que terminó siendo una fiesta “petit comité” con una asistencia modesta y entregada. Bajo unos visuales sencillos elaborados por la organización del mismo evento y con toneladas de canapés (deliciosa empanada gallega y montaditos que podrían conseguir reventar cualquier cinturón), V.C. (Skweee Showcase) comenzó la velada con cierto retraso y un set de techno experimental bien compactado que apenas pudimos ver por la lejanía del museo contemporáneo. Noiapre sustituyó a Rustie (que canceló su set ya que extravió su material) y logró que el público abandonase la gran tentación que suponía la comida gratuita, con un directo muy en la línea de Boys Noize o Diplo muy “urban”, reiterando en el dubstep-dance de Magnetic Man, r&b o incluso hip hop. A nuestro lado, varias mujeres representaron la coreografía del videoclip de ‘Sun’ de Caribou. Finalmente, Jackson en dj set desconcertó a todos, sin seguir temática alguna, como si de tu local de marcha favorito se tratase. Desde House a lo Maxima Fm hasta Los Ramones o el IMD de Clark (Growls Garden), en un set difuso, como si MSTRKRFT hubiese perdido sus cds y les diese por ser bizarro al reequiparse.

El sábado pasaba a tener dos emplazamientos. MACUF acogía la jornada diurna, el OFF981, con dos escenarios: jardín y Hall. Los solapamientos prometidos nunca fueron tan catastróficos como se auguraba, gracias al retraso en el vuelo de Dels, directo reprogramado como último artista en el Jardín. Cluster demostraron la amplitud de la definición del género krautrock, entre electrónica noise y música orgánica a lo Pan•American. La visión de una casa rural era proyectada. El escenario era una ventana indiscreta y las máquinas del dúo, evocó una atmósfera inquietante y perturbadora, una oscuridad intranquila que ascendía en beats y jugaba con sonidos cotidianos (cantares de pájaros, descorche de una botella). Dulce hipnosis.

Luke Abbott, de la escudería de de James Holden, reveló un IMD de calidad y avanzado, que alargó su actuación por el cambio de horarios, donde se dejo bien claro su parecido al patriarca de su sello. En varias ocasiones su estructura de capas recordaba a Apparat con ecos a M83. Y a partir de aquí, siempre fue necesario dejar los sets a la mitad de su duración si se quería ver todo. Corrimos al concierto de Moritz von Oswald Trio. Lo que prometía ser un experimento multicultural, se convirtió en un espectáculo denso protagonizada por una colección de percusión peculiar y algo soporífera, con leves momentos brillantes cuando toda la estructura adquiría empaque. En el mismo escenario, llegó lo más relevante de festival, el dúo italiano de diseñadores electrizados We Love, de Bpitch Control. Ataviados con trajes retrofuturistas galácticos y una estética visual glamurosa compitiendo formas geométricas con antropomórficas, fueron lo más aplaudido del festival. Despertó del letargo el ambiente. Electro contundente de gusto muy berlinés, sonando a una Ellen Allien (todo queda en casa) que compone mirando a Fever Ray. Instrumentos distorsionados y kilocalorías de vocoder bien articulados.

BEAK> nos obligó a abandonar el final de actuación de We Love y fue difícil pasar de toneladas de beats, al ambiente de guitarras del proyecto paralelo de Geoff Barrow. No obstante, las mantas explosivas de electro-noise nos sumergieron en una aventura de textura psicodélica oscura, hilada y perfectamente dominada, donde la conjunción de teclados/bajo, guitarra y batería, explotaban al máximo sus posibilidades sonoras.

Kyle Hall, el supuesto salvador de la escena de Detroit, nos mostró su talento en bruto; una actuación arrebatadora, sin despuntes ni fisuras con un pie en el dance-hall y otro en el techno de la ciudad natal de este adolescente. Lamentablemente, solapó casi por completo con Detachments y en cierta manera, lo agradezco. Su sonido era tan similar al de ‘In this light and On this Evening’ de Editors que daba hasta miedo, una oda al post-Joy División electrificado que sacudió sin sorpresas, acompañado de poses desfasantes por el cantante y gafas de sol incluidas.

A Dels fue imposible verlos, ya que su actuación comenzó a las 22.00 y el resto de conciertos continuaban una hora después en el segundo emplazamiento: Playa Club – ON981. Tres escenarios eran embutidos en una sala laberíntica, con un tercer escenario que había que buscar intencionadamente para encontrarlo. No pudimos ver a Giles Peterson y tuvimos que conformarnos con los finales de Naive New Beaters y Roska. NNB sólo se dedicaron a gamberrear el ambiente, disfrazados de orugas “modernas”, y Roska mostró un set de electrónica oldschool de manual, con subidones sin gracia y pegada insípida.

Crystal Fighters aparecieron es escena y ¡sorpresa!, trajeron a una de sus chicas, cosa que no hicieron en sus última actuaciones en Madrid y Barcelona. Con su álbum de debut recién salido en tiendas, no se complicaron en el set y tomaron uno por uno todos los singles potenciales del LP. El cantante totalmente desinhibido, rozó la locura contagiado por los asistentes histéricos de las primeras filas, con su cantante fémina, capada de sonido durante media actuación. Su actitud gamberra-entregada ayudó a que sus melodías fuese más pegadizas , pero el resultado sonó flojo y menos impactante, incluso algo improvisado. ‘I Love London’, ‘I Do This Everyday’, ‘In The Summer’ o ‘Solar System’ resultados descafeinadas, pero a mitad de la actuación con ‘With You’, todo empezó a compactarse (las bases dejaron de eclipsar cualquier otra sonoridad) y mis pies despegaron “hasta el infinito y más alla”. Cerraron con ‘Xtatic Truth’ y el público se quedó desolado, esperando que la rave continuase.

Con reticencia fui a ver a Hudson Mohawke, tras su desastrosa actuación en el Sónar 2010. En esta ocasión, como hicieran Joy Orbison en Madrid, se dejó en el armario a su cantante aka rapero en el paro, para dar rienda suelta a una mar de beats enrevesados e infinitos. Su amalgama de texturas genuinas, esa concepción avanzada y única de entender la nueva ola de música negra, rozaba la perfección sonora. Una experiencia enriquecedora e impactante, que derretía y encandilaba sin poder evitarlo. Medio empezada la actuación de WhoMadeWho, sin su indumentaria de esqueletos danzarines, hicieron bailar al público más entregado de Crystal Fighters. Electro-rock de pegada fácil y adherente sin comeduras de cabeza y de máxima eficiencia, que se hizo llevadero y estimulante. Y su flor querida -y prestada- ‘Satisfaction’, consiguió movilizar a cualquier escéptico de la fórmula.

Theo Parrish destacó en su escenario, con un neu-soul ahousado consistente y bien estructurado, al igual que Oliver Huntemann, con su set de techno algo lineal. Finalmente llegó The Juan MacLean, que además supuso la gran decepción del festival. Puede ser que yo sólo me sienta satisfecho con su cacareado debut, pero su sesión fue insustancial y nada motivadora, con amagos de inyecciones machones y recurrencias a un techno facilón.

CONCLUSIÓN: Seguir la pista a We Love y Hudson Mohawke. Que no os extrañe que dentro de varios años, todos los blogs del mundo los idolatren. Cluster y BEAK> demostrarón su buen hacer, y promesas como Luke Abbott y Kyle Hall cumplieron con las expectativas.

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