To whom it may concern, reflexiones del concierto

El martes 16 entorno a las 00:00 de la noche Iamamiwhoami ofreció su primer concierto en la red, grabado apenas unas horas antes, en streaming y previamente anunciado en la web towhomitmayconcer.cc. Pero antes de desmigajar el que ha sido uno de los acontecimientos audiovisuales más importantes del año hablemos de cómo se establecieron las señas de identidad de, probablemente, la mejor artista del momento.

Hace aproximadamente un año comenzaron a circular por la red una serie de videos protagonizados por una inquietante entidad con forma femenina que realizaba extraños bailes y mostraba una pasión inusual por la naturaleza y el bosque. Todo ello ya daba pistas del inmimennte lanzamiento de una artista singular que jugaría con la electrónica oscura y la estética furry, como bien ya sentaron las bases The Knife, de los cuales uno de sus videos anteriores a este fenómeno aparece protagonizado por una mujer que recuerda en sus movimientos y pose a Iamamiwhoami. Tras esos preludios aparecieron los videos, de vistosa realización, que defendían unos temas extremadamente bien elaborados y de clara similitud en concepto a los mismos The Knife. Para entonces ya sabemos que la artista es Jonna Lee, una joven sueca de voz delicada y personalidad magnética.

En cuestión de meses los rumores se hacen verídicos y el canal de YouTube de la artista anuncia mediante ya sus habituales códigos numéricos un inminente concierto. Convocan, además a un voluntario dispuesto a viajar a suecia y convertir sus próximos días en un videoblog. Nadie sabe cual será la función de este voluntario pero podemos ver qué hace y donde espera, así como la puntual visita de un hombre que, o bien le invitarán a bailar en el mismo cuarto del hotel o bien le enseñarán a hacer una reverencia. Lo que suponemos está siendo preparado para el concierto.

El concierto. Ahora sí, y con unos minutos de retraso se inicia en la web un video por streaming en el que lo primero que vemos es a un personaje ataviado con un traje de invierno, atravesando el vestíbulo del hotel con paso firme y cabeza rígida para introducirse luego en un coche completamente forrado de plásticos y cargado de instrumentos electrónicos, enchufes y cables. Tras varios minutos de silencio dentro del coche y en dirección a quien sabe dónde no tenemos ninguna duda ya de que la mujer que se esconde tras ese abrigo blanco es Jonna Lee, quien comienza a canturrear a capela una de las melodías que componen su repertorio. Tras detenerse el coche empieza el más singular de los conciertos.

Grabado en plano secuencia y con un tratamiento de luz y color a la altura de cualquier superproducción teatral pudimos disfrutar durante cerca de una hora de un espectáculo de luces y figurantes que reunía todas las cualidades para convertirse en un pasaje onírico. El voluntario, que estuvo presente en gran parte del recorrido que emprendió la cantante por todo el bosque, permaneció asombrado en todo momento ante las continuas apariciones de la artista, que como si se tratase de un hada y con la compostura de una bailarina de ballet, ofreció su voz en vivo en todos los temas con una perfección que en ocasiones hacia sospechar de un posible playback.

Entre canción y canción se prepara la próxima escena, una de ellas introduce al joven voluntario en una caja de cartón que es precintada y arrojada al fuego tras una marcha que por su belleza queda grabada en las retina. Llega de nuevo el soliloquio y podemos ver a Jonna Lee entonando Y en un paraje desierto, sucio y bañado por la luz de las primeras horas del día. La magia que desprende cada uno de los segundos del video nos hace sentirnos orgullosos, de alguna forma, de ser los testigos de un producto irrepetible, pero sobre todo pionero.

¡Esperamos fechas de conciertos!

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