Repesca 2010: The Hundred In The Hands

Éramos pocos (grupos indies procedentes de Brooklyn, Nueva York) y parió la abuela. La explosión creativa que está sufriendo estos últimos años la gran manzana es un hecho innegable, y muchos de los grupos (buenos en mayor o menor medida) son, sinceramente, dignos de mención. Tal es el caso de The Hundred In The Hands, el proyecto de Eleanore Everdell y Jason Friendman, que ha encantado a miles en todo el mundo, entre ellos a los responsables del San Miguel Primavera Club y a nada más y nada menos que al prestigioso sello Warp.

Con sólo un álbum (homónimo) en su haber, el dúo neoyorquino nos quiere dejar claro que, aunque la tendencia actualmente es tener un sonido sucio más propio de los noventa, el electropop ochentero no se resiste a morir, y siguiendo esta filosofía nos presentan un trabajo que aúna lo mejor del pop electrónico, el italo-disco, el dream pop e incluso el dance; cuartenta y un minutos divididos en once canciones redondas, entre las que destacan temazos absolutos como ‘Young Aren’t Young’ (que, digáis lo que digáis, me recuerda a este otro temazo), ‘Pigeons’ (imposible sacársela de la cabeza) o ‘Commotion’ (en la línea de Zeigeist, aunque sin ese toque macabro tan The Knife). A pesar de toda esta mezcla de sonidos y estilos, la influencia más grande de este dúo es,  indudablemente, el italo-disco, lo que los sitúa más cerca de Sally Shapiro que de Ladyhawke, con quien se los compara (me atrevería a decir que erróneamente, ya que se trata de una generalización) por el sonido de ‘Last City’, que bien podría pasar por propio de la neozelandesa.

Si les tengo que poner alguna pega, esa quizás sería el que hayan metido con calzador ‘Dressed In Dresden’, que desentona casi por completo con el resto de canciones del disco, y que se parece demasiado a los hits más comerciales (y por ende manidos) de Bloc Party. Vamos, que no la escuchas en casa pero quemas zapatilla cosa mala con ella en la pista del Razz.

Una vez reivindicado el álbum, sólo me quedaría hablar de su directo, aunque no va a poder ser, ya que me los perdí en la última edición del Primavera Club. Si algún promotor caritativo me está leyendo, traedlos, que yo me encargo de la publicidad gratuita; se la merecen.

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