Revolución social, ¿y también musical?

Estamos viviendo días excitantes para parte de la sociedad española. La gente se echa a las calles a reivindicar un cambio que va más allá de quién gobierne o de qué leyes deben reformarse (que también). Pero, ¿y si a nivel musical también la estuviésemos viviendo? Hace una semana hablamos del poder del indie español en los últimos tiempos. Y no, ganar popularidad no les hace menos indies (siempre hay que especificar este dato), ya que una actitud no se mide por este barómetro, sino por las maneras de plasmarla. Hablamos simplemente de una evolución respecto la fórmula prestablecida del pop de radiofórmula de los últimos veinte años.

Una de las críticas de este movimiento que está surgiendo es la manera de adocenar a la población a través de la mediocridad de los medios de comunicación y la cultura, donde claramente  podemos incluir el factor música. Y no decimos que no deba de haber un Pablo Alborán, solo pedimos que no se convierta en un símbolo de nuestra cultura musical. Porque no, porque no nos sale de las pelotas que nos represente. Este movimiento musical ha surgido del hartazgo de mucha gente para con la mentada mediocridad y poco a poco se ha ido constatado cierta evolución: desde que Arcade Fire llené en grande recintos a que Manel se mantenga número uno varias semanas.

Hay decenas de festivales que agotan sus entradas, bandas indies que consiguen números uno, dos o tres, incluso otras que suenan de fondo de series o programas; y aún así, hay quién no quiere verlo. Hay quién se queja de que ya no vende 500 mil copias como antaño, en vez de preguntarse los porqués (aparte de la consabida piratería). La gente que se mantiene ajena por vagancia, manipulación o porque no les sale de ahí son un hueso duro de roer, pero tampoco vamos a llorar por ellos.

Otra gente en cambio ha (hemos) dicho ‘basta’. El malestar general de la sociedad española también se ha visto reflejada en estos pequeños cambios en el panorama musical que por suerte cada día van a más. Esto no se puede frenar (el movimiento a nivel general esperemos que tampoco), por lo que esperamos un futuro esplendoroso para nuestra música y lo que nos llega de otros lares.

jarto

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