Reivinicando a… Electric President

Acostumbrados a reivindicar grupos comerciales normalmente denostados por ciertos sectores indies, muchos se preguntarán quiénes son Electric President. Algunos les sonará el nombre de manera lejana, otros puede que en su día escuchasen alguna canción, pero en general han pasado bastante desapercibidos desde que presentaran su debut en 2006 s/t. Por ello en este caso no dudamos de su calidad ni les vemos desde una perspectiva kistch o similar; lo que tenemos es, simplemente, buena música.

Después de unos EP esperanzadores, este dúo de veinteañeros se marcaron uno de los mejores discos de indie-electrónica del año, consiguiendo cierta notoriedad entre la prensa especializada y hasta una aparición al final de un capítulo de The O.C. acompañando a la típica escena de reflexión y cavilaciones varias por parte de los protagonistas. El disco mezclaba con atino y mucha sensibilidad elementos sintéticos y orgánicos en temas de corte emo-pop, con armonías melódicas preciosas y letras de confusión vital y similar.

Las atmósferas era uno de sus puntos fuertes, aspecto que afianzaron en Sleep Well, segundo trabajo publicado en 2008, que, como rezaba el título, se centraba en temática onírica perfectamente entrelazada con la música. Los estribillos pop también tomaron más fuerza junto al remarcado carácter ensoñador, consiguiendo un mejor equilibrio que en s/t, aunque perdiendo algo de frescura en el camino (lo que tampoco supuso un trauma). A pesar de esta gran secuela la repercusión de Electric President descendió hasta casi desaparecer del mapa. Y es que ya sabemos que la prensa musical y sus lectores pronto olvidan, siempre a merced de las nuevas modas. La calidad general y la sinceridad de su propuesta no fueron suficientes para volver a captar su atención, por lo que muchos (y yo me incluyo) tuvieron conocimiento de este segundo disco por pura chiripa.

Lo mismo ha sucedido con el tercer esfuerzo discográfico de la banda, The Violent Blue. Su último trabajo hasta la fecha, lanzado a mediados de 2010, supone cierto cambio de rumbo en tema de producción, ya que los elementos electrónicos ceden total protagonismo a pianos, tambores y guitarras acústicas. Las líneas de base enlatadas que definían buena parte de su identidad sonora son relegadas por completo, lo que hace perder cierta impronta personal a su sonido. Sin embargo la esencia se mantiene intacta con la introspección e intimismo marca de la casa, esta vez inspirados en el océano y sus misterios. Las melodías se definen aún más y las atmósferas dream-pop pierden algo de peso, escogiendo sonidos que se decantan más por la inquietud y lo desconocido. Un disco menos redondo pero igual de recomendable que el resto.

Y sí, como habéis podido constatar, no se ha mencionado ni una sola canción en todo el artículo, mientras que en otras ocasiones nos centrábamos exclusivamente en ello. Hay una sencilla explicación: aparte de que hay muchas destacables, los tres discos funcionan más como conjunto que por separado. Los dos últimos se pueden escuchar en spotify, aparte de un par de EP. Conseguir el primero puede resultar una ardua tarea, pero merece la pena intentarlo.

jarto

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