Organización Día de la Música Heineken: no, no y sí

Un año más Heineken organiza en el Matadero un festival dedicado al Día de la Música, bastante más ambicioso que en pasadas ediciones. Más ambicioso en el cartel, porque en organización y logística poquita cosa. Dejando a un lado que en el Día de la Música no se debería pagar un euro por ver conciertos (a pesar del reducido precio de las entradas), hubo una serie de errores (tanto premeditados como no) que en cierta medida lastraron el festival. Por supuesto hablamos del día de ayer sábado, pero dudamos horrores que la mayoría sean resueltos o reformulados hoy domingo.

De primeras, el calor del escenario ¡Madrid! era especialmente sofocante (y es de esperar que en los otros dos cerrados también), incluso en conciertos con reducido aforo. De acuerdo que sea un festival sostenible (oficialmente) y el aire acondicionado consume lo suyo, pero tampoco es plan de acabar todos deshidratados.

Y es que hablando de deshidratación, no dejaban pasar botellas de agua (lo normal es que te obliguen a tirar el tapon y ya), y dentro los botellines costaban dos euros, ¡dos euros! Por lo que es probable que el objetivo de las temperaturas de los escenarios cerrados fuese la ingente compra de agua. Este aspecto resulta especialmente vergonzante.

La cola que se montó sobre las siete (y que es de suponer que duraría unas tres horas más) para entrar al recinto era demencial y avanzaba a velocidades tortuguiles. Y lo que es peor, era cola general, los que ya tenían pulsera por ya haber entrado antes tenían que volver a hacerla. Incluso en concierto de Vetusta Morla se retraso media hora porque aún quedaba gente fuera (muchos solo vinieron por ellos y se acercaron poco antes). Sí hubiesen abierto la puerta principal, otro gallo hubiese cantado. El problema es que desde la principal se pasaba a los conciertos gratuitos, y hasta las nueve no terminaban, y era a partir de esa hora cuando se abría. ¿La solución? No soy especialista en la matería, pero hay suficiente Matadero para distribuir los espacios de una manera distinta y más funcional en ese sentido.

El tema de las marcas: de acuerdo, el festival lleva el nombre de Heineken, pero no es ni medio normal que solo se pueda comprar la dichosa cerveza como única bebida alcohólica. Que yo sepa, en el Primavera Sound no solo se consumía San Miguel.

No todo iba a ser malo (gracias a Dios), y en el tema del aforo, uno de los puntos débiles de muchos festivales, se cumplió con holgura, y en todos los conciertos salvo el de Vetusta Morla pudimos disfrutar de espacio suficiente para respirar y movernos libremente. Los horarios eran bastante competentes y después de experiencias como el Primavera Sound, se agradece andar como mucho tres minutos de escenario a escenario. Y sin acoples de sonido. Aunque el lado negativo de esto es el escaso espacio para introducir más servicios, como los imprescindibles puestos de comida, porque las colas para cenar tampoco es que fuesen saludables. Mañana y pasado, la crónica.

jarto

Comments
  1. Jormars

    Lo de el alcohol se ve que era por cosas de la subvención pública y el ayuntamiento, nada que ver con Heineken.

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