Dcode Festival: sábado

El acné del viernes iba dejando paso a un público más entrados en años (tampoco mucho más) dispuesto a disfrutar del mejor de los dos días. Ante una temperatura aún peor, quisimos morir en el concierto de Manel a pleno sol y a las seis y pico. Por suerte los catalanes supieron hacernos que no nos arrepintiéramos de la arriesgada decisión de enfrentarnos a condiciones tan extremas. Con un feedback con el público que muchos envidiarían, la profesionalidad de los cuatro quedó fuera de toda duda a los treinta segundos de su primera canción, con un sonido cristalino y cercano. Como nota curiosa mencionar su versión en catalán de ‘Common People’, que suman a otras que ya conocíamos como ‘La tortura’ de Shakira. Se merecen el dulce momento que están viviendo a día de hoy. Grandes.

El dúo británico Blood Red Shoes nunca se han caracterizado por una puesta en escena arrolladora, pero sus composiciones sí adquieren una potencial efectividad en vivo, con el ritmo marcado por su contudente batería, Steven Ansell, optimizando notablemente su sonido. Shoegaze atmosférico y rematadamente infeccioso que se vé deslucido por la humildad de la propuesta. Intercambiaron tracklist tanto de sus dos trabajos como de su EP debutante y cerraron con una de nuestros temas favoritos, ‘Colours Fade’. Con un poquito más de oscuridad y flases, se hubiesen convertido en la revelación del festival.

Javiera Mena llegó con retraso debido a los cambios de horarios en el escenario Eastpak/Mondosonoro, por lo que no pudimos ver demasiado si queríamos llegar a The Vaccines. Lo que tuvimos la posibilidad de comprobar es que el sonido no era demasiado bueno y que el esquema de concierto era muy similar al que pudimos ver hace un mes en la Joy. Corriendo hacia The Vaccines pudimos llegar a la mayor parte de un repertorio basado única y exclusivamente en su efectivo debut. Efectivos también se mostraron en directo, aunque sin excesos, ante un público que se entregaba a casi todos sus temas como si de un greatest hits se tratara. Canciones tan directas como ‘Post break-up sex’ o ‘Wreckin’ bar (ra ra ra)’ hacían bailar al personal y otras como ‘All in white’ mover los brazos de lado a lado como cuasi-himno que es. Tampoco es que reventasen el escenario, pero dieron a la audiencia lo que el guión exigía.

A continuación entraron en escena The Hives y vimos como el mítico letrero con su nombre en rojo (que ahora bien que ha copiado Russian Red en sus directos) mutaba en lámparas LED con las letras de su nombre en tres dimensiones. Ataviados con traje en blanco y negro, era seguro que su propuesta no podía decepcionar. La adrenalina y encatadora verborrea de Howlin’, unido a su sonido garajero y dinámico, son siempre aval de autentica fiesta. No se olvidarón de sus trucos habituales, como su parón de un minuto en medio de ‘Tick Tick Boom’ y confirmaron por enésima vez, que estos chicos ya tienen su podio en las grupos de rock urgente. Y del acierto sueco, seguimos la pista a The Ting Tings. Ambos teñidos de tinte rubio, mezclaron su debut con algun avance del que será su nuevo trabajo. Sus singles, que han reventado todas las pistas nocturnas, sonaron correctos, pero todo cumplido que se les pueda arrojar, se vió ensombrecido con la versión rave de ‘Hands’ aka Ting-Tings-queremos-imitar-a-Calvin-Harris-y-todos-sabemos-que-Calvin-sólo-funciona-para-sus-trabajos-propios. Un WTF! en toda regla.

Kasabian no es que sea la banda que más apoyamos desde esta web, pero había que acercarse al concierto de más duración programado para el festival (hora y veinte). Puede que a los fans les encantase, pero al resto nos pareció un soberano aburrimiento con mucho guitarreo de postín y posturas y gritos impostados para que no quedase duda de lo rabiosos y viscerales que son. Y que si meten un fragmento de la banda sonora de Pulp Fiction por ahí, un cover de ‘I feel love’ de Donna Summer por allá (como si fuesen los primeros), pero ni por esas. Nadie duda de su profesionalidad sobre el escenario, pero una cosa es técnica y otra capacidad artística y de entretenimiento. Y por si no había quedado claro: hora  y veinte de concierto.

Necesitábamos resarcirnos y The Sounds eran la mejor opción. Sin haber inventado nada y con algún que otro histrionismo sobrante, los suecos desempolvaron nuevos éxitos como nuestro último hit & dance ‘Something to die for’ o sus ya clásicos ‘Living in America’, ‘Painted by numbers’ y por supuesto ‘Tony the beat’ (al que por cierto le faltó garra). Maja se subía por las paredes (de manera literal) con gestos lascivos y tocándose ‘ahí’ constantemente; pero ya era tarde, queríamos baile y nos daba igual lo que hiciese mientras cumplíesen con su objetivo. Un concierto absolutamente trascendente, pero imprescindible en aquel contexto. Supieron estar en el lugar y en el momento exacto.

El punto álgido de la noche llegó, como todos esperábamos, con Crystal Castles y el desfase de Alice Glass. Con toda la carne en el asador desde el minuto uno, el show de música, luces y la propia Alice era ensordecedor e hipnótico, no apto para todos los paladares por lo excesivo de su propuesta. El resto disfrutamos con lo mejor de su debut y segundo disco en un conglomerado de hits sin parangón, retorciéndonos con sus abrasivos sintes y contundentes bases, con los característicos berridos de Alice (con excepción de temas como ‘Celestica’). Un enorme fin de fiesta donde vuelven a demostrar que pueden contentar tanto a hypes como a los más exigentes.

texto y foto: jarto / texto: Tito Manu

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