Flying Lotus en Joy Eslava

Una sala Joy Eslava repleta de modernos fieles a la marca entre un buen núcleo pro-Sónar, deseosos de repetir vivencia, se congregó ante la primera visita del angelino a la capital, un público sorprendentemente expectante por su actuación (para mí, todo una sorpresa). Steven acudió acompañado de teclados y batería, vestido de paisano y sin estridencias.

Visuales con filtros de serie B fílmico, enmarcaron el comienzo de la propuesta, donde el protagonismo de su R&B dominó frente a los coqueteos de free jazz contemporáneo. Reptando sinuosamente, buscando los recovecos sonoros, Steven se mostraba pletórico y risueño, en toda su salsa. Ejercía de MC, bajo la sombra de los sonidos 8bits que facturaba su teclista Dorian Concept y unas percusiones poco cohesionadas, mermando su efectividad y en ocasiones, superfluas, en contraposición con lo que procedía del ordenador de Flying Lotus.

Los fragmentos de imágenes iban tomando forma a medida que avanzaba el concierto, astros, formas geométricas, antropomórficas y africanas, que se alternaban con filtros retrofantasmagóricos, tonos turquesas, verdes, rojos vibrantes vintage, negros grisáceos engruesadas en un entorno chillwave futurista. El discurso sonoro no daba apenas descansos, donde la sintonía melódica y envolvente era irrumpida sólo en el momento adecuado, con bromas del propio Lotus, describiendo siempre un alegato orgánico y poliédrico, texturizado y estratificadamente singular. Un ritmo visceral, perfectamente calculado. Sus bases gruesas sonaban torrencialmente poderosas. Coros emo-step con bits electrizantes, embutido en R&B avanzado.

Su empaque serpentín adquiría solidez con el metraje de Cosmogramma, que tuvo el peso del repertorio, destacando ‘Mmmhhmm ft. Thundercat’ y  ‘Do the Astral Plane’, aunque no se olvidó de sus anteriores trabajos. A medida que avanzaba, las texturas fueron tomando tamices más collage, mayor protagonismo de 8 bits, glitch hop fulgurante, embebidos en mapas seductores, con la magia de ritmos digna de Joy Orbison. Buzeaba en aceleración, ecos a un Hudson Mohawke ruidoso y menos cósmico. Llamó la atención con el sample de ‘Yonkers’ de Tyler, The Creator (perteneciente al colectivo Odd Future), para luego desestructurarlo en sus propios lenguajes.

Para la recta final preguntó al público qué quería escucha. Configuró un terció más ravero logrando que todos bailásemos. French House con bases compactas y gruesas, atmósferas sensuales y adherentes, beats impecables. Incluso dubstep mainstream surgió en el repertorio.  Despidiéndose personalmente con el público de las primeras filas, demostrando humildad y cercanía, Steven jubiloso, informó de su presencia en el aftershow organizando por Charada. Y con los gritos de un público entusiasmado, sin tiempo para bises, se terminó un directo bien estimulante.

Puntuación: 8.5/10

Tito Manu

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