Paredes de Coura 2011: Jueves

El jueves se constituía como el primer apretón de dinamita de la cita musical. Aparte de que todos los puestos de comida y de ropa abrían sus puertas, se observaba ya como el público había tomado el festival como su propia casa. El césped del río nada tenía que envidiar a una playa de la Costa Brava, sin despreciar las actividades paralelas, cuidadas con esmero, que transcurrían colindante al mismo río: recital de poemas y un escenario para conciertos.

El abarato precio del tercio en el núcleo del pueblo impidió que llegásemos a ver a Airbag en el escenario Jazz Na Relva, por lo que ya retrasamos nuestra entrada en el recinto hasta el concierto de Crystal Stilts. Su revival lo-fi cincuentero sonó efusivamente mimético a sus trabajos, con cierta sensación de enlatado. Los americanos se desenvolvieron de manera resultona ante una explanada desoladamente vacía, ‘Shake The Shackles’ brotó en un discurso intenso, bajo un pantano de monotonía que no terminaba de descantar la diferencia entre cada tema.

El escenario After Hours pasaba a ser denominado Palco 2 en las jornadas diurnas, donde acudimos para Here We Go Magic. Denotando un razonable parentesco en directo a una versión descafeinada de Los Campesinos!, la frescura y candidez de su debut se difuminó en un acústica horrible y saturante. Era una tarea ardua distinguir los distintos instrumentos y en medio de la confusión, comenzó Twin Shadow en el escenario principal. Su propuesta emotiva y atmosférica, con sus composiciones atemporales, fueron trasmutadas a un vivo rockero, contundente y exuberante, que revitaliza su álbum, dejando atrás su halo intimista. Disfrutable.

Mientras escuchábamos ecos de We Trust, decidimos coger posiciones en Warpaint. Mala idea. El cuarteto femenino fue, de lejos, el mayor despropósito en aburrimiento de la cita. Cuatro mujeres trataron de demostrar que su debut homónimo es atractivo, pero lo único que consiguieron es que pensásemos que su ruptura sería más próxima de lo debido. Caracterizadas con ¿distintos atuendos? (era surrealista observar esa mezcolanza de vestimentas), desacompasadas en algunos tramos, el sopor de su pop poco fresco sucumbió a nuestros bostezos. Otro cantar fue el directo de Esben & The Witch.  El trío inglés fue un ejemplo claro de improvisación en vivo, nervio, clímax inquietante y perturbador. Su post-gótico angustioso brotaba a base loops y reverberaciones, pantanos de post-rock ruidista, cuyas bases electrónicas eran disparadas desde los pedales, impresionando a un público que no esperaba un espectáculo brumoso, repitiendo el mismo set list de su concierto en Madrid.

Blonde Redhead son siempre acierto de calidad, sus composiciones de dream pop post-rock, vibrantes, repletas de arreglos aterciopelados y sentidos, nunca defrauda y hitazos de la talla de ‘23’ adquirieron dimensiones épicos y calentaron los cimientos del que sería, sin lugar a dudas, una de la mejores bazas del festival. Nada más ver las letras de P – U – L – P en el firmamento, comenzó la histeria de un concierto repleto de alegrías. Jarvis Cocker devoraba el escenario, hacía sus estratosféricos pasos de baile, un maestro de ceremonias que inyectaba energía a raudales. Con un tour explotando todos sus grandes momentos, ‘Common People’ fue el cierre de oro para una velada de recuerdos y magia.  Delorean comenzaron poco después, cuyo directo fue de los más afectados por el sonido del escenario After Hours, disperso y poco cohesionado, propiciando la huida a por una bifana con fundamento. Riva Starr puso el cierre de la noche, una sesión de house orgánica y rompepistas en modo dj set, alternado con diversos temas de su discografía.

Tito Manu
Fotografía: Martín Gesto

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