La música, la vida y R.E.M.

rem

Yo crecí con R.E.M. Puede sonar algo esnob afirmarlo, pero es la verdad. No es que con cinco años me pusiese el Murmur para replantearme la existencia, pero el tener hermanos mayores influye en que crezcas escuchando determinadas bandas aunque sólo fuese mientras me divertía con los playmobil. Años después, cuando empiezas a interesarte por la música, coges uno de aquellos discos, le das al play y descubres que te sabes casi todas las canciones. Y por supuesto te encantan.

En aquel momento había que indagar más allá y no estancarse en una simple (aunque maravillosa) melodía. Los años se suceden y comienzas a darte cuenta de detalles que antes pasaban desapercibidos para una mente más inmadura. La lírica, a veces bastante complicada, empieza a tener más peso que el inteligible lenguaje de un principio. Los arreglos pasan de lo anecdótico a redondear un sonido total y absolutamente propio. Incluso lo único que había pillado de niño, las consabidas melodías, adquieren un nuevo cariz, siendo consciente de la complejidad y maestría de alguna de ellas. El ejemplo más claro y popular: ¿Alguien sabe cuando empieza o acaba el estribillo de ‘Losing my religion’? ¿Acaso lo hay? La inimitable y personal voz de Michael acaba tornándose como uno de los grandes baluartes del grupo, que los distingue entre otras bandas coetáneas e incluso actuales (¿Cuántas veces creemos oír la voz de Morrisey? ¿Cuántas la de Stipe? Pues eso).

El antes cuarteto pusieron voz a una generación que no quería crecer con hombreras, purpurina y frivolidad. Surgió como una banda cruda y rematadamente sincera, sin actitud impostada ni con postureo de postín que por suerte conservaron con el paso de los años. Incluso los ramalazos altruistas de Michael nunca han parecido tan calculados y grimosos como los de Bono. Sabían como contentar a todo tipo de públicos, tanto en el ámbito comercial como indie, haciéndose respetar por no parecer ni unos ‘raros’ (lo que tampoco importaría) ni unos ‘vendidos’. Durante treinta y un años, por si fuera poco. De acuerdo, se han producido altibajos, no muy acusados eso sí, y la última década ha sido la peor (que para nada desechable), pero la media es tan alta que dudo que algún grupo con una carrera tan extensa pueda mirarles por encima del hombro. Vaya, ¡si hasta su peor disco, Around the Sun, tenía varias canciones notables! Y ese fue el punto más bajo de seis lustros. De los altos hay infinidad, e incluso álbumes que en su época no fueron tan bien considerados y que ahora son reivindicados con pleitesía. ¿Se adelantaban a su tiempo? Puede ser, pero yo me inclino más por la teoría de que las grandes obras son las que realmente se aprecian en su verdadera magnitud con el paso del tiempo. Efectivamente, en ningún momento se trató de música de usar y tirar.

En primera instancia pensé en realizar un top con sus mejores canciones, pero comencé a pensar y me vi superado por la avalancha de clásicos, singles y no singles. A continuación me planteé en tejer una lista de los diez mejores discos, y aunque la tarea es más sencilla que en el anterior caso, no tenía ni pajolera idea de como ordenarlos, cual encaramar en el número uno, cual se quedaría al final de la cola. Después de cavilaciones varias, aposté por lo más correcto y sincero, porque la música de una banda de este calibre está por encima de una simple y reduccionista lista (por mucho que nos encante hacerlas). Así que aquí va mi pequeño homenaje a R.E.M., que han marcado parte de mi vida mucho más allá del ámbito musical (y no creo que sea un caso aislado). Porque hay música para escuchar, y música para la vida.

jarto

Tags:
Comments
  1. La

    La verdad es que es una pena pero se van como los grandes, sabiendo cuando terminar. Para siempre quedarán canciones como: I’ll take the rain, Leaving New York o la muchísimo más reciente Alligator_Aviator_Autopilot_Antimatter, por no hablar de las superconocidas Losing muy religion, Shiny Happy People o Everybody hurts. Por cierto, toda la razón sobre Bono, del que cada vez lo encuentro más insoportable.

Deja un comentario