Despropósitos 2011 (VI): Lou Reed y Metallica

Hemos hablado cero de Lulu porque desde el minuto uno anticipamos el engendro que se estaba apunto de fraguar. Acertamos de pleno cuando escuchamos los primeros minutos de un disco, digamos, prescindible. Puede que no se merezca el uno que Pitchfork le ha plantado, nota posiblemente prefijada meses antes del lanzamiento, pero sinceramente, no apetece un ápice comentar un disco de dos artistas tan en caída libre y con una primera impresión tan negativa (puede que al final sea un grower… ¡ja!).

Metallica no es que sea el tipo de banda del que hablamos en esta web, pero tuvieron su background durante los ochenta (del que viven desde hace veinte años), por lo que merecen cierto respeto. Lo de Lou Reed sí que es de tracas. Todos sabemos su historia: formar parte de uno de los grupos más legendarios (The Velvet Underground para más señas) y una carrera en solitario con grandes trabajos, a pesar de que, como sus nuevos compañeros de correrías, viva de las rentas ya que en dos décadas tampoco es que haya publicado algo verdaderamente meritorio.

¿En qué pensaban cuando decidieron unir fuerzas? Tampoco es que se traten de los polos más opuestos del universo, pero sabíamos desde la primera noticia que ni los fans de unos ni del otro iban a pasar por el aro (y menos los de Metallica). Y la verdad, la banda de hard rock no da igual, pero ver a una leyenda como Lou cuesta bajo y sin frenos y con probabilidad del cien por cien de siniestro total resulta todo menos bonito. El neoyorquino ha tocado fondo… o no, porque ha anunciado que pretende perpetrar otro álbum del estilo (otra cosa es que le dejen). Hay que se saber envejecer, como su coetáneo Bowie.

jarto

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