Plushgun en la Sala Ramdall, Madrid

Hace casi tres años se dio a conocer un trío de Brooklyn que a golpe de pop-rock electrónico de corte emotivo empezaron a calar entre ciertos ámbitos del mundillo indie. Tampoco es que Plushgun se convirtiesen en la banda de moda, pero sí que formaron un pequeño pero fiel grupo de admiradores que no se sabía si se habría diluido con el tiempo o si seguirían al pie del cañón. De primeras había una chica que también estuvo en el Café La Palma en marzo de 2009. Buena señal. La sala no estaba a rebosar precisamente, pero el aforo era el suficiente como para generar ambiente. Dan Ingala y sus tres compinches (un miembro más se les ha unido) subieron al escenario rodeado de globos con leds regulables (que luego lanzaron al público), que junto a las máscaras carnavalescas repartidas en la entrada recreaban una atmósfera festiva bastante llamativa.

Lo que de primeras llamaba la atención era un sonido menos enlatado y más rockero, suponemos que por la incorporación de un instrumento más. Sonaban contundentes pero tanta amalgama sonora ahogaba las ya de por si algo limitadas capacidades vocales de Ingala, por lo que su papel en determinados temas era casi anecdótico. Por otra parte, el lado más electrónico también quedaba relegado comparado con el sonido de estudio, lo que les hacía perder una importante seña de identidad. Ambos lastres hicieron que temas del calibre de Dancing on a minefield sonasen algo descafeinados… al menos la primera vez. Efectivamente, la interpretaron dos veces, al igual que su mayor hit Just impolite. En 2009 podía resultar comprensible porque sólo contaban con un álbum, pero en esta ocasión se torno absurdo (aquella vez fue sólo Just impolite además). Aunque claro, si una banda del calibre como MGMT lo hicieron con Kids en el SOS 4.8… Al menos el resultado fue bastante superior en esta segunda vuelta.

Lastres aparte, como era de esperar interpretaron algunos de los temas que conformarán Memes, el nuevo álbum que tendremos en primavera. El single I like it o Waste away aprobaron con nota y anticipan un disco continuista pero igual de disfrutable que el primero. Obviamente tocaron casi todas las canciones de su debut, muy celebradas entre el público, entre los que destacaron Without a light (lanzándose al público), How we roll y A crush to pass the time, que eclipsaron a una The dark in you muy flojita (quizás por ser la primera) y una Let me kiss you know sin el encanto de la original (el banjo sustituido por la eléctrica).

Un concierto irregular pero, por increíble que parezca, bastante divertido y recomendable si nadie esperaba algo demasiado trascendental. Puede ser en el encanto nerd (pero nerd de verdad) del frontman, el carácter emotivo de los temas o la parafernalia de máscaras, globos y tubos fluorescentes, pero al final funcionó. Eso sí, deberían definir el sonido de la banda para que el directo y el estudio no diste tanto e Igala necesita otorgar una mayor presencia a su voz (por muy limitada que sea, siempre se puede entrenar).

texto: jarto / fotos: Bea Tejedor (más fotos aquí)

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