Despropósitos 2011 (VII): el virus Pitbull

No es nada nuevo que la música comercial internacional está para el arrastre, y hay nombres como Guetta o RedOne que no ayudan a sanearlo (porque básicamente son una de las causas), pero si hay alguien al que debamos culpar realmente de tal nivel de decadencia, ese es Pitbull. Aunque ya apareció en nuestras vidas en 2009 (gracias a Dios: su debut data de 2004), nadie se imaginó que su ya de por si prescindible presencia se extendiese a diestro y siniestro entre el pop comercial, convirtiéndolo en algo más desdeñable de lo que ya era.

La vulgaridad de su voz e interpretación, las letras ramplonas y misóginas, y una actitud chulesca en el peor sentido de la palabra no pueden traer nada bueno en un ámbito que no puede permitirse un nuevo traspiés. Sin embargo, al final la pela es la pela, y parece que la lobotomización cultural de la población mundial sigue su curso y cuanto más choni y soez mucho mejor.

Por suerte la high-class del pop (por llamarla de alguna manera) como Rihanna, Britney o Gaga no han caído en sus redes y normalmente se junta con Enrique, Jennifer o Marc Anthony. Se suele tratar de estrellas bastante acabadas que con un toque Pitbull y, en estos tres casos en particular, la varita mágica de RedOne hacen el milagro. Y se juntarán con quién sea para triunfar, porque la falta de escrúpulos es moneda de cambio. Aunque siempre da pena ver a Ne-Yo, un tipo bastante talentoso, caer en la redes del diablo. Y resulta curioso que Usher, que en Estados Unidos es Dios, necesite codearse con este tipo de personajes.

El pop comercial está para mear y no echar gota, pero es preferible decantarse por el pop simplón pero al menos no desagradable de Katy Perry a escuchar los ritmos machacones y la rudeza melódica, interpretativa y lírica de Pitbull. Y es que este tipo de cosas suelen ir a peor: ¿qué nos deparará el futuro?

jarto

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