Esben and The Witch – Violet Cries

Cuando este debut fue publicado por Matador a principios de año, la formación inglesa lo tenía todo para conseguir un triunfo sonado en la misma línea que Anna Calvi. La red había catalizado su reconocimiento, fueron elegidos en la primera ronda de bandas dentro del concurso BBC Sound of 2011 (no ganaron, pero sirvió para lograr una escudería a la altura) y un single como ‘Marching Song’ con un videoclip bastante resultón que los colocó en los radares de bandas a triunfar en el 2011. Finalmente, ni su gira fue tan extensa (más bien irrisoria), ni acudieron a todos los festivales, como si ocurrió con formaciones de sonidos más manidos y efectivos como The Naked & Famous. En España tuvimos la suerte de un pequeño evento como teloneros de The High Llamas. Tampoco ayudó que la crítica esperase un debut épico de post rock con tintes electrónicos, lo cual les demolió notoriamente, salvo contadas excepciones.

No obstante, el trío de Brighton tomó la determinación de seguir su propio instinto, de olvidar toda esta aureola de hype fugaz que se les otorgó erróneamente, porque ellos jamás tenían previsto que sus ojos fuesen a ser tan observados. Violet Cries es un trabajo rematadamente anguloso y grandilocuente, donde el crecimiento de las composiciones fundamenta el sistema nervioso del que crece cada grano melódico. Un post rock misterioso, inquietante, siniestro y cavernoso, sin ser fatasmagórico. La voz de Rachel orquestando el entramado vocal, entre loops, gritos, dobles voces y fiereza. Letras descriptivas de metáforas y alegorías en formato fábula, embebido en tintes agónicos y post-góticos. Cajas de ritmos despreocupadas que aparecen en los momentos de explosión instrumental. Y largas horas de improvisación.

Parece complejo y realmente lo es. Violet Cries no es fruto de tres criajos que tratan de componer un telar cosido por Siouxie bajo las directrices de una PJ Harvey mística que deambula sin rumbo en un bosque de penumbras. Estos ecos son innegables y sus referentes oscuros son evidentes. Lo fresco de esta formación es que cada composición es disparada generando atmósferas veraces, cimentadas en un pulso de experimentación sin ataduras, que pone los pelos de punta. Y la estructura de cada tema es tan difusa como expontanea. Si ‘Argyria’ puede desconcertar, con ese inicio in crescendo muy Foals, el resto del álbum son puras mantas de angustia pop enramadas en brumas de rock apocalíptico, conformando un caos de infinitas trazas, loops vocales inquietantes, instumentos voladores, levitando cada fragmento compositivo, con leves paréntesis de tranquilidad, ‘Marine Fields Glow’, ‘Swans’ y ‘Eumenides’.

Quien no sienta escalofríos de placer con ‘Light Streams’, ‘Hexagons IV’ o ‘Chorea’, no podrá disfrutar de un LP debut formidable, original y lo que es más relevante, de una capacidad de creación por el simple hecho de ver hasta donde puede llegarse para hacer post rock no convencional.

Puntuación: 9.0/10 | Escúchalo: Spotify

Tito Manu

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