The Pains of Being Pure at Heart, Joy Eslava, Madrid

España quiere a The Pains of Being Pure at Heart, The Pains of Being Pure at Heart quiere a España (o eso esperamos). La nueva gira de los norteamericanos está recalando en diversas ciudades de nuestra geografía, incluyendo Madrid, que ya visitaron hace poco más de medio año en el Heineken Día de la Música. Tan buen sabor de boca dejaron a un servidor que no dude un momento en volver a presenciar su refrescante directo. Tan refrescante que junto a las bajas temperaturas invernales resultó más frío de lo esperado. Me explico.

The Pains es un grupo que huele a juventud, a dramas de postadolescencia, a morriña de la misma, pero sobre todo a verano. Asistir a su directo en pleno junio, al aire libre, con una mayor sensación de libertad y desasosiego (en general autoinducida) contextualizan la emotiva música de la banda. Que nadie me entienda mal: no hablo de una función similar a la de la canción del verano o del estilo, con una esperanza de vida de como mucho tres meses. Los discos de The Pains, especialmente el último (enorme), se enmarcarían en la categoría de atemporales, disfrutables el verano pasado, el que viene y hasta el infinito. Verles encerrados entre cuatro paredes, sin qué las guitarras se expandiesen por el espacio, sin un resplandeciente sol que acompañase sus joviales ritmos, no es justo ni para ellos ni para nosotros.

Siguen siendo grandes (dentro de su aura de modestia), pero el directo careció del encanto de su última visita. Se les notaba algo desgastados, quizás por un año non stop unido a la ausencia del mentado contexto ideal. Y es que fue en el tramo final cuando pudimos contemplar el quinteto en todo su esplendor, con himnos como Higher than the stars, Everything with you (aunque vocalmente un tanto floja) o una más potente que en estudio Anne with an E, que aún así mantenía la delicadeza intacta (y que sin ser hit cerró la noche a lo grande). Los riffs de guitarra siguen siendo uno de los aspecto más celebrados de su directo, llenos de fuerza y vigor, como en Heaven’s gonna happen now. Sin embargo es verdad que el sonido no siempre cumplía con la holgura exigida, debido a unos bajos que retumbaban más de lo aconsejable y  unas guitarras algo acopladas, aunque ciertamente encendidas. Gracias a Dios, sólo sucedió en determinados tramos.

Temas de su debut como This love is fucking right o Young adult friction se intercalaban con el más sólido segundo álbum, con buenos momentos como Belong o Heart in your heartbreak. Un tanto escaso el minutaje (cincuenta a lo sumo) aunque perfecto para realzar la filosofía de fugacidad vital implícita en su música y estilo.  Conclusión: buen recital pero sin excesos. Esperamos que para su regreso aparezcan en escena con las pilas bien cargadas. Seguro que sí; confiamos en estos chicos.

jarto / fotos: Alex Bolumar

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