Papercuts en Café Berlín, Madrid

Si la escena madrileña pedía a gritos espacios donde las propuestas pudiesen ser contempladas en un ambiente reposado e íntimo, son varias las nuevas ubicaciones que están naciendo. Café Berlín acogió el que posiblemente sea el concierto de menor aforo de su pequeña gira española, con una asistencia inferior de cien personas. Esto fue toda una bendición para el público congregado, encantado de poder ver en estas lujosas condiciones a la formación americana, presentando su primer trabajo bajo Sub Pop.


El proyecto del cantautor Jason Quever está configurado como una explosión de dream pop asentada en la tradición de la nueva americana, como el retiro espiritual de Beach House en la morada apesadumbrada de Cass McCombs escuchando como banda sonora los primeros trabajos de The Felice Brothers. De una suma belleza a la hora de visionar las composiciones, se fagocitan en atmósferas ondulantes y ensoñadoras que rezuman mimo y paciencia. Acompañado de una banda notablemente más joven que el cantante, Quever vibraba en el directo. Su voz se mimetizaba en el conjunto, evocaba en susurros recuerdos de sus vivencias, rugía emocionado en los momentos álgidos y sin titubear, sin apenas moverse de su posición, consiguió llenar de melancolía el concierto completo, alternado temas livianos con tramos solmenes.


Frankie Koeller, su bajo, se mostraba afable y gracioso. Varios fueron los momentos que el discurso venía marcado por unos estimulantes teclados dignos de Camera Obscura bajo el punto de mira de Real Estate.  Un repertorio centrado en Fading Parade, con una sinergia formidable con su batería y teclista, profundizando en los paisajes sureños cálidos y sugerentes, sutiles, reminiscentes, donde pasaron Chrills, Don’t you really wanna know, la deliciosa y cautivadora Do what you will o I’ll see you later I guess, controlando en cada momento la intensidad agridulce de su resultado. Fue en el bis, cuando pudimos ver a Quever desnudo, sin florituras, con alguna interrupción por los miembros de la banda bajo el imperiosa necesidad de fumar o continuar con la copa, pero fue el broche de oro a una velada encantadora. Papercuts representa música para deleitarse, para el disfrute de una tarde de domingo y consiguieron que la monotonía que pueda suponer escuchar sus LPs de corrido se fulminase. Tanto fue el viaje de placer, que su concierto de menos de una hora se nos hizo rematadamente corto.

Tito Manu

Fotografo: Manuel Sánchez

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