Retrato de un talifán

madonna

Este fin de semana ha corrido el bulo por la red afirmando la muerte de Madonna, algo por otra parte bastante ‘normal’ (la semana pasada mataron a Keanu Reeves), aunque en este caso han influido en la expansión de la falsa noticia los twitters de los fans de Lady Gaga. O talifanes, como muchos les llaman. No solo tenemos los de la Germanotta, por supuesto, pero los little monsters son los que sin duda más ruido hacen. Incluso después del mensaje del manager de Madonna, Guy Oseary, que confirmaba que seguía vivita y coleando, las agresiones verbales no cesaban.

¿Qué lleva a la gente a ese amor incondicional y/o odio patológico? Se sumergen a tal nivel con equis personaje o personajes que no se plantean un mundo sin ellos, y cualquier amenaza, tanto evidente como cogida con alfileres, merece un ataque. Carecen de total y absoluto sentido crítico, algo por otra parte muy extendido a día de hoy pero que ellos lo llevan hasta la locura (literal en algunos casos). Da igual que su artista favorito publiqué un álbum que recopile sus mejores flatulencias, lo defenderán cual rottweiler ante cualquiera que ose poner en duda la maestría de su mesías particular. Diseccionando un poco más el perfil, se suele tratar de personas con un nivel sociocultural medio-bajo, que no cuentan con demasiados referentes para contrastar o para encontrar otras opciones, además de la juventud de muchos (aunque otros no son tan niños). Solo hay que ver los comentarios en foros y demás: faltas de ortografía, nula utilización de los signos de puntuación, empleo de mayúsculas como modo de vida, etc. Esto a nivel formal, en cuestión de contenido la cosa tampoco mejora, con argumentos pobres que generalmente se basan en ventas o listas de éxitos, como si tales datos midiesen la calidad del producto; aparte de enfrascamientos eternos que no llevan a ningún lado y que no servirían ni para una redacción a nivel de parvulitos.

Aunque hay ejemplos en otros ámbitos, como en el caso de Apple, donde los compradores suelen tener cierto caché sociocultural, pero se les puede endosar una fregona con 3g que se la van a comer con patatas mientras la manzanita siga detrás. Entonces puede que todo esto vaya más allá de lo comentado y se base también en llenar cierto vacío existencial que nuestra vida diaria no puede llenar. Se vuelcan tanto en algo, que al final eclipsa parte de los aspectos de su vida que no funcionan. Más de uno pensará ‘eso es porque no tienes pasión hacia nada’. Y es que una cosa es pasión y otra que se te vaya de las manos. Hay una proyección tan radical hacia el personaje en cuestión, que dejan de vivir parte de su vida, y lo que es pasión se torna en casi demencia. Por supuesto, no todos los casos son tan alarmantes, pero tampoco son tan aislados, e los insultos son el pan de cada día de buena parte de estos individuos.

La pregunta que también hay que plantearse es si antes no existían o es que Internet les ha hecho visibles, o si de alguna forma les ha dado alas a partir del anonimato que proporciona. ¿Las fans de Take That serían ya así? Amaban a su grupo, ¿pero inventarían o promulgarían un rumor sobre la muerte de la “competencia”?, ¿sabrían menospreciar algún trabajo mediocre si se diese el caso? Cabe la posibilidad de que en todo esto no haya nada nuevo bajo el sol, pero no hay duda que Internet ha potenciado estos comportamientos como la herramienta de opinión constante y sin responsabilidad que es. Al final lo que realmente tenemos, Internet aparte, es un problema de educación que por desgracia inunda el planeta y que los medios inflan hasta lo insano. Y no parece que vaya a cesar.

jarto

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