M83 en La Riviera, Madrid

Lo que ha sucedido con M83 en los últimos tiempos es de justicia divina. Y es que aparte de aunar calidad y buenas maneras, tiene una chispa de accesibilidad que ha propiciado el acercamiento de nuevos públicos. Algunos ya le tachan de traidor simplemente por el hecho de haber ganado popularidad. Otros, con más razón, de haber propiciado una línea más pop. En sus dos últimos álbumes tal afirmación no se puede negar, es un hecho, pero las raíces siguen ahí, y en su cita madrileña se podía constatar incluso ante la casi ausencia de temas de sus dos primeros discos (Don’t save us from the flames fue la gran ausente, pero gracias a Dios Teen angst hizo acto de presencia, y también destacó Sitting, rescatada de su debut). El caso es que ni los antiguos fans ni los nuevos quisieron perderse la cita, por lo que las entradas llevaban agotadas semanas. Y pensar que de primeras el concierto estaba programado en una sala bastante más pequeña.

Como no podía ser de otra forma, qué mejor introducción que Intro, aunque sin Zola Jesus pero con una vocalista magnífica. El sonido era la suficientemente claro y potente para recrear en directo las atmósferas sonoras de estudio y mantenerse entre lo ambiental y la vigorosidad. Aunque quizás este último aspecto se potenció demasiado en determinados cortes, incluyendo además alguna que otra actitud y postureo más cerca de Bon Jovi que de un grupo con origen en el shoegaze y el pop electrónico. Las piezas de su excelente Hurry Up, We’re Dreaming fueron las protagonistas, con Midnight city a la cabeza (irrupción de un saxofonista incluida), revolucionando al público, y otros temas como Reunion (su particular reciclaje de Don’t you forget about me de Simple Minds), Year one, one UFO o Wait.

La gente estaba enfervorecida y hasta los temas de Saturdays = Youth contaban con la misma o mayor acogida. A pesar de una Graveyard girl algo insulsa, We own the sky dio en la diana, e incluso dedicó el bis a dos canciones del disco: primero la preciosa (aunque algo guilty pleasure) The skin of the night y una versión algo más bailable de Colours, que convirtió La Riviera en cualquiera de sus sesiones de viernes y sábado (aunque esta vez con buen gusto).

El concierto, a pesar del olvido hacia sus primeras obras (es lo que tiene querer llegar a la ‘masa’), estuvo a la altura de las expectativas: sólido, vibrante y emocional cuando lo requería. A pesar de todo da que pensar que su último álbum se presente con talante conceptual,  y que el no tocar los temas cortos (normalmente instrumentales) y descolocar el orden rompa la armonía del mismo, traicionándolo en cierta manera. Entonces, se nos ocurre una arriesgada pero interesante pregunta: ¿por qué no hacer una gira tocando únicamente el disco? La pregunta es arriesgada porque llevarlo a cabo sería arriesgado, ya que buena parte del público no lo aguantaría. Y sí, es una cuestión complicada, pero un disco de este calibre lo merece. No digo a día de hoy, pero quizás en unos años… como por ejemplo Primal Scream con Screamadelica. Es sólo una idea. Quitando tal reflexión, el público salió en general encantado, tanto los fans de toda la vida como los que acaban de llegar. Por algo será.

jarto

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