Madonna – MDNA

En la primera etapa artística de Madonna, aquellos maravillosos ochenta, su trabajo marcó tendencia, sirviendo de inspiración a una nueva generación de artistas y sobre todo poniendo los puntos sobre las ies en lo que a pop se refería. La frescura de sus primeros largos era ciertamente irrepetible, y ella lo sabía, por lo que en cada nuevo esfuerzo discográfico se empeñaba más y más en ofrecer un concepto de álbum más definido. Country, mística, zorra o discotequera, no sólo a nivel estético sino también de sonido e incluso género, intentaban cubrir el hueco con mayor o menor acierto. Y ahora llega MDNA, que por descontado carece de la chispa pop de sus orígenes, pero que sorprendentemente tampoco cuenta con un concepto claro. Quizás el efecto prisma de la portada intente reflejar el caleidoscopio musical de un álbum en principio poco cohesionado. Intenta tocar varios palos e incluso se atisba cierta sensación de caos y desorientación. ¿Dance?, ¿trance?, ¿meto un toque de dubstep?, ¿la rapera de turno? Que Rihanna lo haga tiene un pase, ¿pero la Reina? ¿Nos enfrentamos a un despropósito? Al final parece que los 30 años de experiencia valen hasta para salvar un disco de electro muñeira.

Girl gone wild da el pistoletazo de salida con un monólogo inicial que además de fusilar a Sorry, no roza, se restriega con el mayor de los ridículos. El tema en sí redime ligeramente este desalentador comienzo, aunque sin excesos (flojo segundo single). El desconcierto llega con Gang Bang, un corte trance oscuro y sucio con momento dubstep incluido que relata la historia de una mujer que asesina a su amante. Aunque le falte gancho comercial, se trata de uno de esos temas que acaban en la lista de los no-singles favoritos de la Ciccone (esa lista con Impressive instant a la cabeza). Somegirls empieza anodina pero gana enteros a partir del puente, y hay interesantes detalles en la producción que agradan, pero otros que Solveig se podía haber ahorrado. Las horribles guitarras de su hit Hello, que explota en todo el disco, es sin duda el mayor lastre sonoro, que arruina canciones simpáticas como Give me all your luvin’.

Una de las mejores producciones es la de I’m addicted, que sin perder esencia zapatillesca no se olvida de cierto barniz electro que potencia una melodía un tanto simple. Hello vuelve a hacer acto de presencia en Turn up the radio, pero el tema se torna muy buenrollista y divertido y acaba saliendo bastante bien parado a pesar del susto inicial. Superstar, dedicada a su hija, es de lo más prescindible, y I don’t give A podría haber formado parte de los bonus tracks y no hubiésemos llorado.

I’m a sinner es puro Orbit en un cruce entre Shanti/ashtangi (el comienzo), Ray of light (la guitarra acústica) y Beautiful stranger (el aire de psicodelia). Y a pesar del pastiche, funciona, y muy bien. Love spent simboliza la culminación del caos sonoro del álbum: instrumentos y arreglos de todo tipo, cambios de ritmo en modo random, contundencia y delicadeza, blanco y negro. Y de nuevo acabamos enganchados. La ya conocida Masterpiece adolece, como buena parte de MDNA, de cierta simpleza lírica que ni Merche, sobre todo cuando lo que intenta es emocionar; pero la bonita melodía y la voz natural lo compensan (recuerda a sus baladas noventeras). Fallin’ free casi podría formar parte de la banda sonora de algún clásico animado de Disney pero con arreglos más modernos, dejando a más de uno con cara de WTF.

La impresión final es positiva, para que negarlo. Cuando creías que nos iba a colar un mojón, la Ciccone lo ha vuelto a hacer. No revolucionará el mundo del pop, no es un Like a Prayer o un Music, no suena muy moderno ni marca tendencia; y sin embargo a día de hoy puede que MDNA sea el mejor disco que una Madonna cincuentona pueda regalarnos. Sí, es exigir poco teniendo la carrera que tiene, pero es lo que hay. Y aún así, más feliz que una perdiz. Eso sí, que se haga mirar el olfato comercial a la hora de elegir los singles.

Puntuación: 7 | Escúchalo: Spotify

jarto

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