El holograma de la discordia

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La utilización del holograma de 2Pac como parte del show de Snopp Dog y Dr. Dre en el Coachella ha dejado alucinado a todo el mundo. Parece ciencia-ficción, pero ya hemos podido comprobar esa tecnología en los Grammy 2006 con Gorillaz y Madonna, por ejemplo. En realidad no se trata de un holograma ya que está proyectado sobre una tela, pero el modelo es completamente en 3D, basándose en vídeos y demás material visual del rapero. Aclarando este tecnicismo, una cosa es tomar personajes virtuales y otra a alguien fallecido. Ahora se plantean salir de gira el holograma (suena como si siguiese vivo) junto a sus dos compañeros de escenario. ¿Cuál es el límite?

Supuestamente la familia del rapero habrá aceptado esta manipulación digital, pero, ¿qué diría el propio rapero? Algunos siempre se plantean, y no sin razón, si publicar material después de la muerte de un artista es ético. En este caso al menos el material existe, aunque en la mayoría de casos si no vio a la luz por algo sería. Sin embargo en este contexto ha ido un paso más allá y hablamos de crear casi de cero algo que nunca existió. Se inspiran en una base real, pero no estamos ante una actuación real. La anécdota de Coachella es curiosa, pero basar una gira en eso, ¿no suena excesivo?

Que le llamen show en 3D o lo que quieran, pero un concierto está claro que no es. No se genera nada en directo y aunque está bien reivindicar la obra de un artista fallecido, esto tiene más de morbo que de otra cosa. El público de Coachella se quedó en silencio, sin saber como reaccionar, esperando algún tipo de explicación. En general la respuesta ha sido positiva (porque en realidad es sólo un ‘detalle’ del concierto), pero a más de uno no le hará gracia que jueguen con el recuerdo de los muertos, por mucho (o debido a) que sean sus ídolos. Y lo peor de todo es que esto puede ser sólo el principio. ¿Veremos una futura gira de Michael? ¿Amy? ¿Whitney? Ya se están incluso haciendo divertidas coñas con el tema. La verdad, esperamos que no pase de la coña.

El pasado se puede recuperar, disfrutar de él, pero esto es envolverlo y cobrarlo a precio de oro (miedo me da el precio de las entradas, porque se trata de una tecnología cara). Nos hallamos ante una falta de escrúpulos hacia la música que sólo pretende sacar tajada de un recuerdo. Porque por mucho que creyésemos verlo, no es más que un esbozo del pasado que, sí, impresiona, pero que no debería ir más allá de la simple curiosidad.

 


jarto

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