Chromatics – Kill for Love

Del origen de Chromatics se ha oído de todo: que si nacieron en los ochenta, que si son debutantes, que si son una extensión de Glass Candy. En el mundo de la sobreinformación es fácil mezclar y confundir datos, pero que quede claro que ni vienen de los ochenta (aunque haya grupos de la época con los que comparten nombre), ni debutan con este Kill for Love, ni son Glass Candy 2.0, aunque la mente pensante detrás de ambos proyectos sea Johnny Jewel, que por cierto también forma parte de Desire, formación que se ha dado a conocer a partir de la banda sonora de Drive. Bueno, Chromatics también le debe bastante. Aunque cuentan con una trayectoria de más de  una década, es ahora cuando medios y público realmente empiezan a venerar la banda. También es verdad que Kill for love está considerado su mejor álbum, y eso ayuda.

Las tres bandas comparten el gusto por los ochenta más noctámbulos, entre la sobriedad y lo hortera, descaradamente cool, pero sin chirriar. Chromatics a veces prefiere las atmósferas y el sosiego, ideal para una habitación a oscuras con las luces de los coches que circulan asomando por la venta y reflejándose en la pared. Así se puede constatar en el primer corte Into the black, donde se entiende a la perfección la influencia ejercida por la banda en The XX (con los que por cierto comparten cartel en el Primavera), o en There’s light out in the horizon entre otras. Por otra parte hay momentos más intensos que contrastan con las vaporosas voces (generalmente femeninas), como sucede por ejemplo en This streets will never look the sameThe page, con guitarras más directas, hasta crudas. Y es que Jewel y su troupe son especialistas en fraguar autenticas contradicciones que desemboquen en grandes temas o conceptos, donde por cierto los sintentizadores ocupan un lugar imprescindible, con cortes que los realzan aún más, como Lady o Candy.

The eleventh hour o Broken mirrors están en la línea de la sensualidad retraída de Vangelis en los cortes más íntimos de Blade Runner. Y es que en varios tramos del disco parece que nos encontramos ante el acompañamiento sonoro de una película de género. La retrofuturística A matter of time o la inquietante Birds of paradise tampoco desentonarían en una escena de fragilidad dramática sci-fi  y en otra de misterio turbio respectivamente. Es cierto, en general hablamos de un álbum de sensaciones cinematográficas, de drama contenido pero a flor de piel, sexualidad sutil, dedos que rozan cuerpos, miradas clandestinas que se cruzan, descubrimientos turbulentos. Y es lo que lo hace tan fascinante.

Al final Kill for Love es un ejercicio de estilo sugerente que necesita de cierta paciencia debido a los 92 minutos que algunos tildarán de excesivos. No es como escuchar un disco de Franz Ferdinand, pero tampoco tira de estribillos o ritmos que necesiten de varias escuchas para captarlos, ya que se trata de un conjunto de carácter envolvente y sonoro que salvo contadas excepciones no otorga tanto protagonismo al concepto melódico o vocal (aunque en comparación con su anterior disco Night Drive sí que lo haga). Para algunos ese será precisamente el problema, pero es que nadie dijo que para disfrutar de algunos placeres de la vida no haga falta un pequeño esfuerzo.

Puntuación: 8/10   | Escúchalo: Soundcloud

jarto

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