Los Punsetes – Una Montaña Es Una Montaña

Tercer disco. Muchos creen que el fatídico es el segundo. Se equivocan a medias, ya que aunque dos golpes de suerte no es lo normal, puede darse el caso. Pero el tercero marca la diferencia: si se trata de un triunfo no hablamos de algo fortuito; ahí hay talento. El problema viene cuando el segundo no estuvo a la altura; el tercero, por muy bueno, pasará desapercibido. Sin embargo en este caso el contexto es de recibimiento mediático y de público, no de verdadera valía musical, por lo que, conclusión, el tercero simboliza la consolidación de un grupo más allá de acaparar portadas en Rockdelux o que te pinchen en Razzmatazz. Los Punsetes están en ese momento, pero claro, posiblemente se plantearon si llegar a ese maldito número por la vía ya transitada o si tocaba aportar un nuevo aditivo a la fórmula. Porque consolidarse con el tercero haciendo exactamente lo mismo es harto complicado, y a veces nuevos aires se hacen necesarios.

En Una Montaña Es Una Montaña el sonido de la banda se vuelve más ruidista y menos conciso. Tanto es así que a veces resulta complicado entender a Ariadna, cuando las letras ocupaban un lugar preferente en sus composiciones. Y aunque la mala leche sigue vigente, se ha perdido esa precisión y parquedad vocal que cincelaba la lírica viperina de la que hacen gala. Ahora se pierden entre capas y capas de guitarras (y arreglos varios), que por otra parte aportan volumen y intensidad al sonido. Ya fue descacharrante escuchar la letra en el single Alférez provisional entrelazada con un sonido bastante más maduro y un tono hasta épico. Una delirante contradicción. Cuando destacaban por su actitud amateur ya presumían de letras como cuchillos; en este tercero quizás hayan dado un paso más en su teatrillo, mezclando conceptos antagónicos para generar opiniones (aún) más extremas.

En realidad tampoco todo el álbum rezuma parodia, ya que la mentada madurez no sólo se refleja en la producción de Pablo Díaz-Reixa alias El Guincho (que aunque muchos lo pensarais, tropicalismo cero). Tampoco es que pierdan el punto de hijoputismo, pero quizás sí el macarra, el más chulo. Vamos, lo que les hacía estar a la cabeza del indie madrileño. ¡Hasta les sale la vena crítica en Los tecnócratas! ¡O romanticona en Untitled! Lo que, eh, no es para nada criticable, especialmente cuando la mayoría de temas tienen una vuelta de tuerca.

Los Punsetes hay tanto que tomárselos a coña como no. La supuesta madurez del disco serpentea entre dardos de brutal sinceridad a veces de todo menos madura (o al menos lo que entendemos socialmente). Y aunque muchos echarán en cara la pérdida de frescura, la esencia de su marcada personalidad sigue presente, pero como todo, la evolución forma parte de la vida, y no es sano quedarse estancado. Lo que en el arte se torna en poco menos que imprudente. ¿Y qué pasa con el reto del tercer álbum? Superado, claro.

Puntuación: 7,75

jarto

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