Crónica de Primavera Sound 2012: jueves

the xx ps

Un año más en el San Miguel Primavera Sound, un año más de dramas y estrés; pero es que a todos los ‘primaverosos’ nos van los retos, sobre todo si van acompañados de las bandas más importantes del momento. A pesar de las kilométricas colas para la pulsera, éstas avanzaban agilmente, mientras que la de prensa casi me da algún que otro susto como perderme los primeros minutos de Grimes. Aunque viendo el resultado, como si me lo hubiese perdido entero. Ella dando a una tecla por ahí, soltando un berrido por allá; el hype de la chica se desinfla sobre el escenario. Hay directos enlatados, pero este ejemplo roza la parodia. Ni el hit Oblivion fue capaz de hacerme levantar una ceja. Y es que no vale con hacer la ‘mongola’ (para eso ya está Björk, y le da mil vueltas) y plantar a cuatro tíos buenos sobre el escenario para que acompañen tus moderneces. Al final iba a tener razón y más que intérprete se ve como productora. Pues guapa, apúntatelo.

Así, huí del ‘hipsterismo’ a la autenticidad de The Afghan Whigs y su directo contundente. Repasando los temas más celebrados de su discografía, incluso para los que no se declaran amantes de su rock alternativo, como un servidor, hay que reconocer sus tablas y su capacidad para convencer al personal. Música de verdad, sin florituras, pero sobre todo sin actitudes chirriantes, honesta. Al final un amigo mío tenía razón: el moderneo es caduco, pero los clásicos nunca mueren. Y siempre ganan.

En el drama de Death Cab for Cutie y Mazzy Star ganaron los primeros, aunque al final sentí algo de arrepentimiento. No es que los de Gibbard planteasen un mal show, pero el asunto se torció en algo un poco descafeinado. Temas del Plans que perdían una barbaridad, fallos en el sonido o una selección de temas algo cuestionable, no hicieron justicia a una carrera con grandes momentos. Las canciones que más aguantaban el tipo eran piezas de Transatlanticism, terminando además con la energética The sound of settling. La conclusión es que se trata de la obra más completa e intemporal de la banda. Como sorpresa he de admitir que la soseras I will possess your heart quedó de lo más aparente.

Siguiente parada, Wilco. Otros de los que no me haría un tatuaje con su nombre, pero que en directo convencen al más pintado. Temas de su último largo, con un repaso a su dilatada carrera, hubo momentos para el recuerdo como con Jesus etc. y todo el público cantándola de manera casi íntima; o el celebrado solo de guitarra de Nels Cline en Impossible Germany. Sonido cristalino al igual que The Afghan Whigs (después del drama en 2011 en el escenario San Miguel) y una puesta en escena sobria y perfecta, como era previsible Jeff Tweedy y su troupe triunfaron. Eso sí, se echaron en falta un setlist con más ‘éxitos’ (al fin y al cabo, no es lo mismo un festival que una sala). A destacar, la genial I’m always in love, catalizador del buen rollo.

The xx se convirtió en uno de los must del jueves. Y yo poniendo en duda su valía en directo. La verdad, fueron sesenta minutos de concisión musical donde presentaron nuevos temas que pintan la mar de bien. Y las revisiones de algunos de sus clásicos, un acierto. Incluso pudimos ver esa vena más club hacia el final que Jamie prometía hace meses, incluyendo una versión instrumental y movidita del Take care de Drake. Y que decir de un juego de luces tan intrigante como su obra. Efectismo sin artificios, aunque pueda sonar a contradicción. Todo maravilloso… salvo por una buena parte del público que pensaba que asistía al final de la Copa del Rey. En otra de las múltiples citas del festival puede hasta dar igual, pero en un directo donde los silencios juegan un papel imprescindible, molestaba y daba vergüenza ajena el comportamiento de algunos. No es esnobismo, se llama exigir respeto; para el público, para la banda.

A estos individuos les hubiese recomendado Franz Ferdinand, que acertaron con un setlist completito y un Alex bastante entregado a pesar de sus confesados problemas de garganta (¿hola?, ¿maldición del escenario San Miguel?). Hit tras hit entre los que destacó una final This fire, que como bien predica, enciende los ánimos de todo el respetable (respetable aquí, que no en The xx). Hay que mencionar la versión de I feel love de Donna Summer entrelazada con Can’t stop feeling, un highlight a modo de mash-up rompepistas. Sin pretender resolvernos la existencia, a tales horas de la madrugada supuso un gran acierto.

Terminamos con John Talabot y su hipnotizante directo. A pesar de su carácter enlatado, incorporan elementos orgánicos para que resulte más integrador, aparte de una actitud absolutamente profesional y misteriosa, a lo que ayudaba una puesta en escena sencilla pero muy atractiva. Y aunque muchos esperasen algo a modo de sesión continua, cada tema es un ente independiente del resto, porque cada uno es una atmósfera única, sin perder aun así la coherencia sonora en todo el concierto. Cuando el baile no refleja una perdida de dignidad absoluta.

jarto / foto: Eric Pamies

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