Crónica Primavera Sound 2012: sábado

beach house ps

La última jornada del grueso del San Miguel Primavera Sound ya estaba en funcionamiento. A la segunda iba la vencida y pude hacerme con una entrada a Jeff Mangum en su íntima cita en el Auditori, no sin antes disfrutar de Odio París en el Red Bull. A pesar de tratarse de un escenario donde el público está más preocupado en cervezas y licores varios, nos agradaron la tarde con su sonoridad expansiva e intensas melodías. Superan el hype con holgura y quizás merecían un escenario propio dentro del festival (ahí es cuando se revive la polémica del trato a los grupos nacionales).

El momento del ex Neutral Milk Hotel había llegado, y como era de esperar la oscuridad y sosiego del Auditori aderezaban perfectamente una actuación muy esperada. Todos los asientos estaban reservados, pero de poco sirvieron a algunos ya que Jeff Mangum soltó de primeras un ’acercaos, no me da miedo’, lo que muchos asistentes siguieron al pie de la letra, situándose en las propias escaleras del escenario. Una locura generalizada en escasos segundos que aportaban a su persona un aura casi mesiánica. Repasando la escueta discografía de su grupo, únicamente acompañado de guitarras que iba intercambiando acorde con la ocasión, la casi una hora de duración estuvo plagada de momentos verdaderamente emocionantes. Y aunque podría planear la sensación de que una vuelta tantos años después con un disco (porque aunque tenga dos, es uno) se trate de un movimiento oportunista y de nostalgia barata, su talento y carisma compensan cualquier pensamiento de maldad.

De nuevo el escenario Pitchfork fallaba, esta vez con Atlas Sound. Bueno, tampoco es lícito echar la culpa al propio lugar, pero es que este error no fue ni el primero ni el último (por lo visto, además de The War on Drugs, en Rustie el sonido se fue de vacaciones durante cinco minutos). El pobre Cox vivió un momento de agobio debido a estos problemillas, que parece que lastró su interpretación en sus primeros minutos. Gracias a Dios se recuperó con una actuación no apta para todos los paladares. Versiones más psicodélicas de sus temas en muchos casos, en algunos más desnudas, aportó ese toque de variedad respecto al estudio que algunos deberían imitar.

Beach House, a pesar de la profesionalidad de su directo, podría aprender de este consejo. Sus canciones suenan de lujo, incluyendo la instrumentación y el mejor arma de Victoria, su voz; y sin embargo no hay marcadas diferencias entre directo y álbum. La música en directo debe fluir, mientras que lo suyo parecía un copy/paste, aparte de cierta falta de pasión y emoción en un directo en piloto automático. Algunos se me lanzarán al cuello, pero el dúo (trío sobre el escenario) no me hicieron levitar, la magia quedó aletargada en los álbumes, como si llevasen décadas tocando; lo que no quiere decir que asistiese a 60 minutos muy bien hilados, con los mejores temas de Bloom, y recuerdos del Teen Dream en forma de Norway o Zebra. Pero una cosa es técnica y otra sentimiento.

La necesidad de algo movidito me hizo decidirme por Saint Etienne en detrimento a Chromatics. Pleno acierto, sobre todo por un aforo que aportaba ambiente pero sin estresar. A pesar de un principio un tanto flojo, con una Sarah un tanto limitada vocalmente, el concierto fue en claro ascenso, incluso cuando los perturbadores bajos hacían acto de presencia más de lo deseado. La clave está en el carisma de la intérprete, tan de maruja como de mujer sofisticada, ideal para irse de gin tonics como para quedar para hacer calceta. Con unas proyecciones vintage en ocasiones descacharrantes (el vídeo de los bailarines Who do you think you are no podía ser cierto), los clásicos destacaron, pero los nuevos temas se llevaron de calle el show, sobre todo a nivel de sonido. Tonight, Dj en modo Máxima FM (qué estribillo, ¡qué estribillo!) o I’ve got your music redondearon un directo que terminó con el himno He’s on the phone y una gran sonrisa. Porque el pop lo acaba salvando todo.

saint etienne ps

Maldito Pitchfork, o maldita mala suerte. Una vez más empieza un concierto, The Weeknd para más señas, y coitus interruptus al canto: adiós al sonido. Y además en un tema tan potente como High for this. Por suerte hubo remontada, porque Tafaye es todo un profesional, con una voz prodigiosa que debería ser encumbrado como el nuevo Jackson, del que por cierto hubo homenaje de la mano de Dirty Diana. Desgranando sobre todo su mejor disco, House of Ballons, y con también destacada presencia de temas del Thrusday, su gran banda plasmaba con pericia la sofisticada producción de estudio y la sensualidad de la obra. Mención también a Crew love, del disco de Drake, su segunda aparición espiritual en el festival después de The xx (¿una señal para traerle en un futuro?). Ni un escenario gafado puede con una de las revelaciones de los últimos años. Olé.

‘Toda la chusma estará en Justice’ fue la frase de la noche (de un amigo, no mía, por Dios). Chusma o no, medio mundo y parte del otro inundaba el directo de los franceses, lo que dejaba a Washed Out como un jugoso caramelo al que no perderse. Tanto que con el concierto a punto de empezar sólo había cuatro gatos (finalmente no fue tan dramático). Algo desangelado en su primer tramo, aunque en claro increscendo conforme avanzaba, el nuevo tratamiento de sus temas, muchos de ellos previos a su debut, convencieron al personal. Sin ser el concierto de la jornada, hay que reconocer el esfuerzo y la valía del proyecto, aunque faltase algo de garra. Y por faltar, también faltó Amor fati.

El directo de Neon Indian provocaba una gran diatriba entre los que se quedan con su lado más sintético o los que prefieren los instrumentos más reales. Y es que la primera parte se decantaba por un pop rock con teclados más bien convencional aunque muy bien llevado. En la segunda mitad, cuando tiró de su segundo disco, el carácter más electrónico hizo por fin acto de presencia en Arcade blues, Polish Girl o Fallout, tema en el que Palomo demuestra sus mejores aptitudes vocales, casi de macho alpha (sin ser un chico demasiado guapo, en este corte daban ganas de ponerle un piso). Un sonido perfecto, gracias a unos músicos chapó (y al escenario Ray-Ban, que es Dios), en un setlist algo falto de hits, pero competente. Para luego digan que el chill wave tiene los días contados (aunque en directo el supuesto género se diluya).

¿Dónde acabar el mejor festival nacional? En Dj Coco, por supuesto. Un fin de fiesta con temas que más de una vez y de dos rozan la línea de lo descaradamente evidente, pero que en conjunto no se le puede poner peros. Y es que en un ambiente tan buenrolllista, con gente bailando como si el sol jamás fuera a dar señales de vida (por desgracia sí) e himnos que ya forman parte de la historia del festival como Do you remember the first time, no hay perjuicios ni postureos que valgan.

jarto / foto: Damia Bosch y Eric Pamies

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