Crónica Sónar 2012: Jueves

La nueva edición del Sónar auguraba buenas vibraciones. Quizás fuese por la expectación generada por albergar diariamente alguna joya que fuese su primera visita española. Quizás fue el cacareo que suscitaba la figura de Lana del Rey. De cualquier modo, todo apuntaba en una edición muy estimulante.

Desde el momento que acudimos al recinto, llamó mucho la atención la fuerte asistencia desde el mismo jueves, con un abundante número de acreditaciones para profesionales. Fuimos directos al escenario SonarDrôme para comenzar a calentar motores con Eltron John. Ataviado con malla escotada de corte ochentona, este hombre peculiar demostró desparpajo a base de electro house rompepistas en plena hora de comida (esta tendencia de quemar calorías para hacer la digestión fue la tónica general de este escenario durante todas las jornadas).  Voces vocodizadas para dirigirse al público incluido, su set se nos hizo más que ameno a la espera de unas de las revelaciones del sello Brainfeeder, Lapalux. Su downtempo fantasmagórico con toques UK Garage fue todo un triunfo ante un Sónar Village esplendoroso para lo temprano de su actuación. Sus beats angulosos se expansionaban sinuosamente bajo similitudes con un Holy Other más luminoso. R&B voluptuoso  y adictivo, que cumplió con todas las expectativas suscitadas entorno a uno de los nuevos hypes de las noches de baile.

Continuamos con el showcase de la escudería Brainfeeder para escuchar a otros de sus últimos fichajes. Jeremiah Jae se ha considerado como una de últimas revelaciones de la escena hip hop, con producciones cuidadas con ecos a las primeras composiciones de Kayne West. Jeremiah apenas se movía en el escenario. Sus bases con vientos incluidos eran disparadas directamente desde su laptop. Un directo que a duras penas era salvado por su arte de rimar, lo que nos estimuló a deambular por el recinto y llegar a los últimos minutos de Sizarr, propuesta alemana, quizás algo descontextualizada en dicho escenario, pero bastante más llevadera. Su vocalista apilaba agudos resultones, fagotizando varios in crescendo entrañables, pero decidimos coger posiciones en el escenario Hall, para el esperado directo de Daedelus. Su propuesta tildada de Archimedes Show consistía en una estructura impactante de cristales móviles a modo de gran transformer efectivo, cristales que rebotaban la diferencia pirotecnia de luces que era arrojada, optimizando la grandiosidad del artilugio y dejando estupefacto al aforo. Daedelus tampoco nos permitió admirar demasiado su show, porque nos mostró un directo cargado de referencias rave, cantidades ingestas de bass music, future beats y coequeteos de dubstep mainstream. Pura adrenalina que nos hizo muy difícil escapar para poder ver el experimento inquietante de Masaki Batoh. El artista japonés creaba música a partir de pulsos cerebrales, que extraía a una fémina en el mismo escenario a través de una estructura de luces que le era depositada. Una atmósfera de asombro y escepticismo se palpaba en el ambiente, entre loops y minimal lisérgico, todo fruto de dichos impulsos a modo de hilo musical.

Tras la intranquilidad, pasamos a una propuesta sobre seguro, con los americanos Thundercat, gran protegido de Flying Lotus y conocido por sus contribuciones en Suicidal Tendencies. Un directo que se presentaba como una combinación particular de jazz contemporáneo con rock elegante, donde los cimientos de electrónica pasaron a un segundo plano. Tampoco es que hiciese falta, Stephen Bruner tiene talento de sobra para que su bajo levitase por sí sólo y demostró todas sus tablas.

Poco después, fuimos a conseguir lugar para el primer concierto de la super formación de Mostly Robot, en la que rivalizan talento Jamie Lidell, DJ Shiftee, Tim Exile, Mr Jimmy y Jeremy Ellis, bajo las visuales de un colaborador habitual de Modeselektor, Pfadfinderei. Un tanto que se marco la edición del jueves del Sónar. Dicho directo suponía la cimentación a la rumorología entorno a un posible debut antes de finales de año. Fue, sin lugar a dudas, lo mejor de la velada, Lidell rompía las composiciones con su voz sensual soul, los beats se entremezclaban aportando cromaticidad bajo una tamiz sucio y adictivo. Sin descanso, fuimos raudos y veloces al escenario Complex para ver a Trust, una capilla plagada de reverberaciones que se presentaba idónea para su directo y que, tras el concierto en Valle Eléctrico, todo prometía ser un éxito. No obstante, fue todo lo contrario. El formato no íntimo aniquiló el sonido vicioso y oscuro de las composiciones, sumado a un Robert Alfons menos esplendoroso. No se cumplió la premisa de que Maya, batería también de Austra, estaría en el escenario (como apuntaron algunos medios de prensa), pese a que sí estaba circulando por las inmediaciones, e incluso el teclado sonó poco imponente.

Tras Trust tuvimos un conflicto de intereses, ya que solapaban Totally Enormous Extint Dinosaurs con When Saints Go Machine. Nosotros dimos prioridad a la formación danesa, siendo escueto nuestro visionado de T.E.E.D.. Pese al poco tiempo que estuvimos, tuvimos tiempo para ver lo atronador que suena su discurso, ritmos incendiarios que potencian un repertorio lleno de hits incontestables. Fue acompañado de unas bailarinas también customizadas a modo de dinosaurios, que más que animar al baile, incitaban a la risa y el despropósito. When Saints Go Machine no decepcionaron, impresionando con un directo infeccioso y dinámico. Bien es cierto que sus dos trabajos abundan en un dream pop lo-fi de intrumentación más intrincada, pero en su versión en vivo disparan los sintetizadores a todo volumen, suman momentos de efluvios dubstep y su vocalista, de voz frágil y aterciopelada, contrasta deliciosamente. Primer día más que intenso.

Tito Manu

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