Crónica Sónar 2012: Viernes

Para la segunda jornada, intentamos ser más madrugadores, ya que había mucho eco entorno al debut de Clip!. Sin embargo, nuestro intento fue en vano y directamente acudimos al directo de Stand Up Against Heart Crime. Formación barcelonesa que está siendo apadrinada por todos los programadores más importantes de la ciudad condal (Razzmatazz, Nista, The Brandery,…) y que nosotros mismos les dedicamos un especial, su forma de entender el rock se basa en exprimir el espíritu de The Horrors sazonado con synth pop fresco. Bajo unos visuales antropomórficos no muy resultones, contaban con un cantante bastante concentrado en demostrar su entrega, denotando que tienen grandes ingredientes para triunfar, aunque requieren limar algunas asperezas.

Nuestra segunda parada fue Lolo & Sosaku, teniendo que dejar en el olvido a Esperanza. Y en cierta manera, no nos arrepentimos, porque la propuesta de esta formación argentino-japonesa afincada en Barcelona era más que impactante. Su música era extraida de estructuras caseras de madera con tentaculos en forma de cuerdas de instrumentos y bolas de plomo. Agitando dichas esferas, se inducián vibraciones tanto en las estructuras de madera como las propias cuerdas, registros que eran filtrados, exponenciados o lanzados en loops, elaborando un discurso de trance, profundo, eterno e hipnótico. Una experiencia lejos de un festival, ante un aforo de amigos cercanos en las primera filas (habitual en todos los conciertos más mañaneros), que rozaba el concepto de arte sonoro.  De entidad espiritual, emigramos al flujo pistero del escenario SonarDrôme. Era el turno de Raisa K, pero fue retrasado, bajo la rumorología de que su ordenador había sido substraído y estaba instalando todo el software necesario en otro laptop. De este modo, pudimos ver a Neuhen, nuevo dj nacional que está dando mucho que hablar. Su set se presentaba totalmente directo a la rotura de caderas, tirando de pistas urbanas, samples de indie reguetón y loops vibrantes: éxito asegurado.

Bien es cierto que picoteamos la propuesta de Psilosamples, no del todo convencidos, asi que profundizamos en las diversas actividades interactivas del SónarPro, continuando la jornada con SuperSilent bajo la tutela vocal de John Paul Jones, bajista de Led Zeppelin. Una propuesta de avantgarde asentada en fuertes dosis de improvisación bajo una mirada al free-jazz anguloso. Atmósferas ambient de difícil oído, drones de corte cavernoso de gran intensidad. Esta bruma fue despejada en cuando acudimos al directo de Austra, instantáneas primerizas marcadas por una sónido inicial nefasto, con la voz de Katie Stelmanis desaparecida, la cual supone una de las marcas de agua de su repertorio. Refenderum popular de este percance, la fuerza de su voz con esos graves tan característicos se percibió ostensiblemente mejor, de una forma más nítima. Sus coristas no dejaban de perpetrar coreografías élficas más que redundantes, lo que no fue suficiente para apantallar un concierto épico en los momentos más operísticos y algo menos contundente, cuando los cimientos dark wave tomaban protagonismo, con un cierre con Beat and The Pulse a medio gas. Tuvimos tiempo para visitar los últimos fogonazos de Esperit!, multiinstrumentista apasiado que autogestiona ambient psicodélico zumbante y adictivo donde su protagonista toca todos los intrumentos y los proyecto mediante pedales que modula con una batería de maestra de ceremonias. Todo un ejemplo de sobriedad y humildad, que promete apantallar el pódium que Lüger está adquiriendo.

El miedo a no poder conseguir plazas para el escenario Hall hizo que durante Mouse On Mars y John Talabot, permanecimos placidamente sin salir del entrañable espacio. Que Mouse On Mars estuviesen en el cartel, era para un servidor, todo un gozo. Custodiados por una visuales de efluvios africanos con regusto urbano, en la misma línea que la portada de su trabajo Parastrophics, no dieron apenas tiempo de descanso. Noise alienígena sin aspavientos, sin lugar a silencios, con una influencia más que palpable por sus padrinos de sello Modeselektor, post-rock apocalípticos, ritmos autodestructivos que aniquilaban cualquier armonía, bizarrismo enloquecedor que hipnotizaba, donde su batería Dodo Nkishi adquiría todo el protagonismo frente al dúo de compositores. En el caso de John Talabot, se palpaba que no se siente del todo fuerte con su formato live, siendo su concierto en el Sónar su segunda toma de contacto. Ayudado por Pional, con visuales de recorte floral selvático, y sin poder ver la evolución respecto a su directo en el Primavera Sound, sonaba desinflado en un comienzo y a medida que avanzaba el metraje, su confianza en el escenario se traducía en una mayor fuerza vocal, embebida en un house pantanoso de domingos resacosos. Quizás mis expectativas eran demasiado altas, pero su directo fue menos esplendoroso de lo que presuponía, lo que fue la excusa perfecta para terminar el Sonar Día con Peaking Lights. Lo-fi a borbotones, cromaticidad onírica, pop casero en formato dub envolvente, una capilla en trance con videos de bucle de imágenes de diversas inconografías entorno a su concepto DIY. Matices cuidados que catalputaron todas la expectativas en que su segundo trabajo en Domino no iba a enfriar el ruido de su éxito.

Descanso y huida al recinto Fira Gran Vía, lo que se presentaba como un despróposito de exquisiteces desde el mismo momento de inicio. Amon Tobin, Nicolas Jaar y Lana del Rey prácticamente solapados. Que el espectáculo de video mapping 3D, de proporciones mastodónticas denominado ISAM iba a ser lo más escalofriantemente explosivo de la noche, ya se sabía tan sólo viendo la estructura. Montañas de cubos ensamabladas entorno a una despliege de música industrial apabullante junto con drum’n’bass burbujeante. Efectismo embutido en proyecciones que convertían dicho castillo en elementos de la naturaleza esquizofrénicos, mientras Tobin en el centro del todo ese amasijo de sensaciones, vigilando el resultado.

Mis temores de que Nicolas Jaar fuese una propuesta adormecedora para tan tardes horas, fueron rotos desde el mismo comienzo. IDM enloquecedor con downtempo rompepistas, como si todo el universo lisérgico del que nos enamoramos se hubiese fusionado con Lapalux, removiendo todo el alma de club presente en uno de los debuts del pasado año. Incostestable.

Pese a todo, Lana del Rey era la gran favorita del público y eso se percibía en el ambiente, aunque muchos se quedarón eclipsados por los ritmos de Tobin. Todos teníamos los peores presentimientos por su actuación, aunque ya habían sido muchos los ejemplos de que sus dotes escénicas están siendo notoriamente mejoradas. Lejos de cualquier augurio, Lana cumplió de sobra en el escenario. Sus dotes vocales fueron correctísimas, un cuarteto de cuerda magnífico sumado a una guitarrista y pianista espléndidos. Imágenes explotando el concepto creado por ella misma, sobre una atmosfera sensual ingrávida y atemporal. Sus temas más conocidos sonaron más que vibrantes, aunque le faltan tablas en cuanto a los descansos. Ha curtido todo aquello por la que se la ha tachado, es sincera y sencilla, tanto que conquistó a sus fans acérrimos de las primeras filas, pero al resto nos dejo la sensación de que necesita sentirse segura en el escenario.

Tito Manu

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