Crónica Sónar 2012: Sábado

La última partida del festival apiñaba el día más intenso de las tres jornadas. Esto condicionó a nuestra huida tan temprana del Sónar noche del viernes, porque teníamos una cita ineludible a primera hora. Bye Bye Squarepusher (fue doloroso sacrificar este directo que ha sido tildado de lo más granado del festival). Y es que desde la misma mañana del sábado, nos encontramos con la triple batalla nacional de apuestas solapadas, dignas de reseñar y admirar: round entre Lenticular Clouds, Pegasvs y Santiago Latorre. Nosotros nos decantamos por la formación nubelar, suponiendo su primera actuación en el marco de un macrofestival y artista más que querido por nuestra casa. Albert Zaragoza ha cambiado el repertorio de su directo, abandonando la presencia de su debut (sólo afloran dos temas de áquella etapa, sin olvidarse de Supergravedad) para profundizar en las composiciones de su reciente EP, Universal Geometry, un trabajo más meditado, de mayor empaque y visceral, que optimiza un discurso a niveles más crujientes y voladores. Extingue su ropaje glo-fi, las capas de chillwave son sutiles, susurrantes, para dar a luz en un rompedor IDM burbujeante, e incluso coqueteos a un grime post-rave dinámico. Todo ello, combinando con proyecciones que nos adentran en esta filosofía particular del mundo, levitando el directo a más allá que un ejercicio musical.

Comida en abundancia, visita escueta de Zora Jones vs Sinjin Hawke, 8bits con hip hop a 90bpms, y visionamos el documental de la última gira de The Chemical Brothers, Don`t Think, en el sala de cine del CCBA. Energías renovadas y listo para el concierto de Cornelius con un show corista protagonizado por un cuarteto de féminas, cuatro mujeres que eclipsaron todo nuestra atención, emitiendo batallas de onomatopeyas, contrastes vocales deliciosos. Keigo Oyamada orquestaba todo la armonía en un segundo plano, escondido entre la banda acompañante, sobre telares superficiales de indietrónica, presentando Salvy x Salvy. Bien es cierto que este formato de conversión de su trabajo, impactaba inicialmente pero mantenía una intensidad lineal, llena de mátices, pero quizás muy monocorde. Esta excusa nos estimuló para salir del escenario cerrado para dirigirnos al Sónar Village y ver el proyecto paralelo de Nicolas Jaar, Darkside. Dúo complementado por Dave Harrington, situados de manera enfrentada en el escenario, nos permitieron vivir una experiencia refrescante donde sus influencias eran inclusive más volubles que en el único EP que ha publicado la formación. Dave ejercía las veces de guitarrista, mientras que su compañero se encargaba de lanzar las bases y organizaba los sintetizadores. La voz de Nicolas sonaba vibrante y sensual, sumado a la densa atmósfera generada, se transformada en una fantástica velada, mucho más dinámica de lo que se auguraba en su trabajo publicado. Estrenaron muchos temas nuevos y con ganas de que vea la luz su debut.

En el Sónar Hall se gestionaba otra de las grandes joyas de la velada, el nuevo proyecto conjunto de los capos de Raster-Noton, Alba Noto con Byetone, Diamond Version se hacen llamar. Si ya esto no fuese suficiente, se unió a la velada Atsuhiro Ito, que empleaba un tubo fluorescente modificado, extrayendo del mismo ruidos industriales estridentes, que adquirió dimensiones de guitarra post-apocalíptica. Techno mininal incendiario, beats mecánicos, secos, contundentes, proyecciones fluorescentes. Una performance audivisial exquisita a la par que enloquecedora. La combinación no podía ser más efectiva, ruido que dinamita en los oídos, tan impactante que saber que es posible que sea una experiencia única, imposible de volver a ver, estremece. Tras llegar a su fín, fuimos cómodomente a ver a LA Vampires, pero el contraste de emociones nos hizo que, ya de primeras, Amanda Brown nos pareciese un auténtico despropósito. La capitana del sello 100% Silk defendía house lo-fi en formato pop, como si de una diva se tratase. Se contoneaba al son de los temas cuál lolita, sin apenas mirar la reacción del público, cargado de una reverb tan elevada, que ya no sabíamos si se oía a ella cantar o a sus pedales. Y no es que fuese una mala propuesta, era liviana, atrayente, quizás un escenario demasiado grande para un directo que pide a gritos un antro infectado de oscuridad. Sin embargo, el contraste con Diamond Version no ayudaba a convencernos.

Nos despedimos del MACBA, para cerrar nuestra temporada del día con Arbol. Miguel Marín es una apuesta segura y difícil de poder ver en espacios que estén a la altura de su sonido,  por lo que ver su proyecto en una capilla se presentaba como una perfección. Para el directo de la presente gira, contaba con una banda completa con percusiones, guitarra, violín y violonchelo, consiguiendo una mayor grandilocuencia e impacto sonoro. Un ambient de cámara intenso, donde la electrónica es cada vez más sutil y aterciopelada, generando un climax de emoción y de intimidad. Sublime.

Para nosotros, estaba claro que la primera opción de la noche era ver el show completo de The Roots, una formación que si no fuese por festivales como el Sónar, jamás habrían llegado a España. Son endiabladamente virtuosos, una apuesta en escena perfecta. Obviando por completo su fabuloso último trabajo y contando con varias covers durante su repertorio, bien es cierto que tirar de clásicos asegurados fue bastante llamativo. No obstante, su calidad está por encima de cualquier nimiedad, con ese free-jazz ahiphopado único, de inyección de serotonina inmediata, sin errores, fue un orgasmo de melómano. Tras ello, Maya Jane Coles ya había comenzado, una de las mujeres más fuertes en la escena house independiente y su set no se salío ni un milímetro de las fronteras que esperabamos. Deep house envolvente y sensual, intensidad controlada, impecables cambios donde las melodías entraban en el momento emotivo adecuado, demostraba que esta joven tiene un talento natural. Más que promete.

Die Antwoord presentaba Ten$ion y un servidor, no estaba muy seguro de lo que estaba viendo. Yo pude ver uno de sus primeros concierto en Londrés, coincidiendo también con sus show único con Aphex Twin. En aquel momento, este dúo freak, de ritmas efectivas y escenografía excesiva y polígora, tenía un punto hipnotizante. Quizás porque se reían de su propio concepto pasado de rosca, pero esa era su gracia. En el Sónar, ya no se reían, se creen directamente los reyes del mambo y su actitud ya no era humilde, sino de jefe. Su concepto sigue siendo igualmente potente y efectivo, los beats post-raves tan 1990’ son puro frenesí, pero ellos ya no convencen en el escenario. Y repetir mismas bromas, hacer un espectáculo idéntico, resta frescura y aburre. Nada que ver con Hot Chip, que a cada gira que pasan, te enloquecen mucho más. No hubo tiempo de descansos durante su actuación, Alexis Taylor nos cautivo con su carisma, un set de house pop directo a las mismas caderas. Con una versión inclusive de Fleetwood Mac, no dejo títere con cabeza, sus proyectos paralelos lejos de distanciarles, les ha cohesionado mucho si cabe en el escenario. Espídico que estaba el aforo.

Tras abandonar a Madeon por lo fácil de su sesión, Azari & III supieron acertar en lo que se necesita para continuar bien la noche. Son auténticos mamarrachos de los que no puedes no enamorarte, con su manera particular de revisionar el house más ochentoso con una propuesta DIY irresistible. Reckless (With Your Love) nos derritío en el escenario, con las coreografías de sus bailarinas dando espectáculo. Cargados de referencias homosexuales, acid bien limado, su set no defraudó y cumplió con todo el rumor de unos directos dignos de toda fiesta.

Con Deadmau5 tuvimos sentimientos encontrados. Este artista ya se encuentra en un nivel de popularidad mastodóntico y se palpaba en la pirotecnia de su espectáculo, un abundante uso de LED sumado a su cabeza de ratón en bucle. Electro house zumbante digno de consumo másivo, ritmos contudentes para el populacho, pero sin ninguna relevancia. Demasiado fácil, demasiado evidente, que no lograba ninguna emoción, y esos que sus hits son telita finísima. Modeselektor apuntaba a que lo iba a arreglar, y no nos equivocamos. Con un directo claramente protagonizado por su disco Happy Birthday, eran conscientes de que a esas horas poco puede arriesgarse. Wonky ralentizado, diabluras durante el escenario, entre muchas otras estupideces, saturando sus composiciones con techno casposo. Su gamberrismo es tan espontáneo, que es imposible no hacerles la reverencia.

DVA fue bastante cálido, su fórmula de house con R&B es sexy y vibrante, pero quizás fuese programado demasiado tarde. Ahora bien, que cerrar con Julio Bashmore, no hizo no emigrar ni a Luciano ni a Laurent Garnier. Pura adrelanina y sorpresa, un cierre peculiar pero sutil. Adiós Sónar.

Tito Manu

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