IVA yo de peregrina y me subiste al 21

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En Musikorner no solemos ponernos demasiado políticos (alguna pulla bien metida, pero poco más); hablamos de música y punto. Sin embargo a veces resulta complicado evitar ciertos temas que están azotando España a todos los niveles, y hablar del disco de Diiv en vez publicar un incendiario post contra una élite política y empresarial que cada día va dinamitando un poco más la economía en general y nuestro espíritu en particular, la verdad, frustra. Pasamos de largo porque hablamos de música y punto. No obstante la reciente subida del IVA nos da la excusa de abordar un tema que para muchos supone la estocada final a un ámbito como es el cultural en estado de alerta desde hace un tiempo. No nos vamos a meter en embolados acerca de una mentalidad individualista y egoísta de estos individuos que nos ha llevado a donde estamos y que por si fuera poco ahora adoptan medidas que poco menos que nos dejan exhaustos. Dios ahoga pero no estrangula; ellos sí. Pero no, no queremos entrar en diatribas políticas y económicas, aunque, viendo el desalentador panorama, centrarse en un solo punto, como es la subida del IVA, provoca cierta sensación de que tu labor peca de insuficiente, se queda a medio gas, en algo anecdótico. Es lo que hay: nosotros hablamos de música y punto.

De acuerdo, ya, nos hemos desprendido del resto y focalizamos. La cultura en este país importa un pimiento. Hace unos días palidecíamos ante los comentarios del post sobre el peligro de La Casa Encendida en El Economista. Buena parte de la gente no se percata de que la cultura nos hace seres humanos, nos moldea como personas, no solo se basa en un simple entretenimiento para desconectar de los problemas del día a día. Esta élite (élite no sabemos en que), especialmente la derecha, a la que nunca le ha interesado nada que no sea 100% pragmático y dé beneficios, está pegando el tiro de gracia a una cultura agonizante. Aunque la izquierda con Prisa al frente tampoco merece aplausos y alabanzas precisamente (¿medios de ‘izquierdas’ alimentando con basura a un público de derechas?). Entendamos que utilizamos derecha e izquierda en sus términos oficiales, especialmente el segundo, porque al final lo que prima es el neoliberalismo más fiero y destructivo.

Tras esta aclaración, nos preguntamos, ¿quieren hacer de la cultura algo exclusivo, no la toman como algo relevante o directamente desean enterrarla? Dudamos de la primera opción: no creemos que les interese más allá del ocio vacuo de los fines de semana. La segunda resulta bastante probable, ya que para esta gente la cultura es algo que simplemente está ahí, no molesta (bueno, a veces sí, y bastante), pero se puede prescindir de la misma, o castigarla con una subida inimaginable hasta hace una semana (el incremento general que tanto negaban sí, lo del 8 al 21 nos a noqueado). ¿Enterrarla? Más que por maldad (aunque viendo la sonrisa de Montoro uno ya duda), por la mentada indiferencia, aunque tampoco se muestren demasiado cercanos a esos ‘progres trasnochados’ que la crean y promulgan. Mejor deshacerse de ellos y que se dediquen a otras labores que beneficien a la sociedad. O a ellos mismos.

¿El titular? Para reír un poco y no llorar, quitar hierro a un asunto al que poco hierro se le puede quitar (lo que pretendía ser un texto ácido se ha quedado en un manifiesto casi visceral). Y es que nunca hay que perder el humor, pero sobre todo la capacidad de luchar, luchar contra aquellos que se creen los amos del cotarro y que con total inmunidad pueden quitar y poner como si de un Sim City se tratase. No somos sus marionetas y lo vamos a demostrar. Hoy (y siempre) las calles son nuestras, y nosotros sus dueños.

jarto

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