Mount Eerie – Ocean Roar

Explica Phil Elvrum, sujeto agente de Mount Eerie, que Ocean Roar es el reverso a la luminosidad de Clean Moon, disco que se nos entregó hace no demasiado para disfrute de nuestros oídos. La música de Elvrum (o Elverum, ambas acepciones son posibles) es muy querida por el que suscribe este texto, como ya he mencionado anteriormente. Ocean Roar depara muchas sorpresas y, lamentablemente, no todas buenas desde nuestro humilde punto de vista.

Una vez oído Ocean Roar, entendemos que esta obra quiere desarrollar aspectos de saturación que ya estuvo probando en Wind’s Poem; aspectos que parece ser que aprendió, según el mismo indica, de la escucha de black metal. La parte central de este disco –los cortes cuarto, quinto y sexto– está sujeta (y ahogada) por esta preocupación: son cortes que sin duda proyectan un campo nuevo para el músico pero que, desde la posición del que escucha la obra, resultan anodinos y de poco interés.

No cabe duda de que Elvrum intenta un disco atrevido pero también es cierto que algunos experimentos no calan con la profundidad con la que ciertas piezas suyas lo hicieron anteriormente; no nos parece que estos experimentos vayan más allá de la mera probatura. Y la prueba, a un nivel teórico –si hacemos un esfuerzo interpretativo tal vez algo arriesgado– podría ser de interés ya que podemos entrever que trata de complicar elementos típicos del krautrock –vueltas que se repiten sobre variaciones, intentando crear un conjunto imprevisible–, elementos de black metal –guitarras eléctricas con un tipo de saturación prototípico de ese genero; riffs claros y progresivos–, con (¡incluso!) un sonido que parece que recoge un noise-grunge que podríamos asociar a Sonic Youth –esas guitarras del corte instrumental que cierra el disco despiertan en nuestra memoria esos finales de canción de los músicos anteriormente mencionados (véase Mote o cortes del Daydream Nation)–.

La escucha del disco, por otro lado, no despierta la incertidumbre ni el desasosiego que se le supone a esta propuesta; no nos sentimos arrastrados por la música, efecto que sí genera en nosotros músicos como Popol Vuh –mencionados en el título del sexto corte–, Neu! o Sonic Youth, ineludible circunstancia a la que uno se ve abocado cuando escucha las piezas solventes de esos tres colectivos musicales. Entendemos, por tanto, que esta propuesta no está bien efectuada y los cortes tienden a ser de poco o nulo interés ya que, aunque responden al rugido que puede estar buscando aquí el músico, parece que lo que nos deja son cortes desechados de la grabación de ese extraordinario reverso luminoso que es Clear Moon. Nos llama la atención poderosamente, como apunte aparte, que alguien que había conseguido precisamente alcanzar una saturación formidable en anteriores discos desde unos presupuestos lo-fi (y no sólo eso: una saturación propia, distinguible, desde esos presupuestos) se deje seducir por la saturación institucionalizada –si se nos permite la bobada del término– y previsible que tiende a proponer el black metal.

Lo más sorprendente es que también entrega cortes formidables fuera de ese centro. Los márgenes del disco –los dos primeros temas y la penúltima canción– son piezas interesantísimas dentro de la música que ha venido desarrollando Elvrum. Pale Lights es un corte de matices krautrockianos que deja espacio para la voz de Elvrum haciendo una especie de cuenco sonoro dentro de la pieza –bajando el volumen de la mezcla de los instrumentos– creando una sensación de que la tormenta ocurre tras nuestro. Una delicia. La segunda pieza del disco, Ocean Roar, es una obra maestra del autor, una canción de tintes shoegaze a dos voces; una nana extraña que recuerda al primer The Microphones y a Cocteau Twins a partes iguales –con una línea de bajo y una tensión en la construcción de la canción en verdad magníficas–. La penúltima canción, I Walked Home Beholding, está traspasada por una percusión de dedos chasqueándose que se desarrolla a partir de unos teclados y una línea de guitarra cuasi lynchiana que va y viene, creando una de las piezas más llamativamente sencillas que haya compuesto Elvrum –y ha creado muchas canciones de una sencillez y profundidad asombrosa–.

No cabe duda que para que la salud musical se mantenga, los músicos necesitan experimentar: pero los músicos también tienen que tener la capacidad suficiente para dirimir si ciertos experimentos son valiosos per se, o si estos experimentos, en ocasiones, son lecciones para el propio músico, lecciones que vale la pena guardar para uno o, incluso, destruir. Tomemos este disco, por tanto, como un signo de salud musical de Phil Elvrum.

Puntuación: 7.2/10

Carlos Bueno

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