Crónica de Cave y Black Dice en Madrid

Con un poco de retraso y aún con pitidos en los oidos comentamos el concierto de los americanos dieron en la sala madrileña el miércoles 19. Un concierto muy esperado dada la expectación que Black Dice desde su paso a la fama en DFA o Paw Tracks y sobre todo por la maestria en los aparatos de su lider, Eric Copeland, con diversos lanzamientos en solitario. Si bien, es uno de esos grupos relegados al peligroso abismo del underground pero que creo, por suerte, no se han visto tan manidos como los Animal Collective.

Los primeros en comenzar fueron Cave, grupo desconocido y con un álbum bajo el brazo de 2010. Pocos conociamos al grupo, por otra parte algo normal, ya que no se codea con el circuito de grupos carne de revistas especializadas; aunque por comentarios oídos sin querer, muchos decían ser un grupo muy interesante. A mi parecer, no fue ni mucho menos el mejor compañero de andanzas de Black Dice y simplemente es un buen grupo, con buenos músicos y con un discurso krautrock que cumplen pero que está poco ligado a la experimentación. Cave hilaron un concierto correcto con momentos buenos, de sonido contundente y en el que la destreza de sus músicos brillaron especialmente. A decir verdad, y aunque se trata de una buena banda, su sonido va más dirigido a un público pureta y más cercano al rock clásico.

Con Black Dice la sala se llenó y realmente pudimos ver la expectación que los americanos despiertan. Tras unos cuantas pruebas de sonido -toda su aparatología lo merecía- el atronador sonido de Black Dice empezó a hacer mella en los altavoces y en los tímpanos de los asistentes. Mr Impossible empezó a sonar y al principio, con apenas unos movimientos leves de cabeza, los asistentes pudimos comprobar la potencia de su sonido ensordecedor. Su ritmo frenético y dislocado nos retaba a bailar o simplemente a mover cada parte de nuestro cuerpo de manera separada para poder seguir los poliédricos sonidos que el trío era capaz de proyectar desde sus aparatos. Pigs sonó ensordecedor, Rodriguez puso la cordura a la noche -por decir algo-, todo sonando a modo de sesión loca; el nuevo punk está aquí y aunque todos ya empezabamos a calcular el ritmo y a bailar, solo nos faltaba chocarnos unos con otros. Música de locos para cuerdos.

Puntuación: 8 / 10

Cicuéndez

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