Johan Renck, maestro del videoclip en la sombra

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Si se preguntase a varias personas más o menos conocedoras del mundillo audiovisual cuáles son sus realizadores de videoclips favoritos, seguro que casi ninguno incluiría a Johan Renck. No tiene nada que ver con cuestiones de calidad, sino más bien de reconocimiento. No protagonizó ningún DVD de los recordados Director’s Cut, no ha contado al menos una obra que definiese la cultura del vídeo musical (un Smash my bitch up, por ejemplo), su paso al cine no resultó tan acertado como otros coetáneos, no tiene artista fetiche (como Gondry con Björk), su estilo no se encuentra tan definido, etc. Varios ‘noes’ que han supuesto una losa para su popularidad, pero no para labrarse una de las carreras más interesantes.

Puede que la falta de efectismos, salvo quizás en sus primeras obras, han marcado hasta cierto punto una trayectoria intachable. Tomemos como ejemplo uno de sus vídeos más conocidos, Hung up de Madonna. No hay ningún momento donde noquee al espectador, ni un contexto o escenario peculiar o espectacular, algún efecto especial llamativo o similar; y sin embargo fue uno de los vídeos más destacados de la temporada. El cuidado que Renck imprime en sus obras no se suele apreciar a la primera, e incluso se podría decir que el paso del tiempo añade un plus de valor. Y aunque los elementos que utiliza y la manera de utilizarlos puedan resultar corrientes o recurrentes, sólo hay que comparar este vídeo con Sorry, que supuestamente se presentó como la continuación del primer single (en este caso dirigido por Jamie King): no hay color. Incluso utilizando situaciones tan acertadas como una lucha de baile o una roller-disco, la sensación es de una realización forzada y sin gancho.

Un concepto tan manido y normalmente aburrido como los vídeos de una banda tocando (que en nuestro país iría acompañada de fondo blanco), gana enteros en Crystal de New Order (anécdota: The Killers tomaron su nombre de la banda ficticia protagonista); la premisa de Dry your eyes de The Streets, tan aparentemente simple, potencia la melancolía del tema a base de recursos sencillos pero efectivos (fotografía y escenarios). En un vídeo en principio más espectacular como Love at first sight, el elemento clave que lo hace tan especial es la propia Kylie, de la que el realizador exprime su encanto, relegando los efectos especiales a un segundo plano (tanto literal como figurativo), acompañando a la diva y sin estorbar. Por supuesto también hay ejemplos de efectismo, como en el aclamado Nothing really matters de Madonna, haciendo gala del efecto Matrix pre-Matrix, o Krafty de New Order, que también hace uso de un recurso similar, pero más extremo y mejor ejecutado; incluso podemos toparnos con homenajes (o fusilamientos) a coetáneos como Gondry en Tripping de Robbie Williams.

Por supuesto hay trabajos cuestionables como Seven de Fever Ray, con el único fin de remarcar el carácter excéntrico de la artista, o Black Coffee de All Saints, que no ha aguantado demasiado bien el paso de los años. Lo importante es que tenemos obras de calidad para dar y tomar, incluyendo también trabajos en publicidad y fotografía, que podrás diseccionar en su web oficial, donde escoge sus mejores propuestas. Por cierto, para los fans de Lana del Rey, ha sido el encargado del clip/spot de Blue velvet para H&M.

jarto

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