Bon Iver en Vistalegre, Madrid

Una de las citas musicales más esperadas de la capital era el concierto de Bon Iver. Cientos de barbudos estaban esperando la llegada del domingo 28, y aunque tal afirmación suene tópica, buena parte del público masculino destilaba el estilo folk del propio Justin Vernon. Ellas suspirando, y ellos queriendo ser como él. Tonterías aparte el ambiente que se respiraba resultaba acogedor y sobre todo respetuoso, algo importante en cualquier directo pero imprescindible en uno como éste.

La puesta en escena se llevaba la palma como primer elemento llamativo, con algo parecido a lana colgando del techo, donde se proyectaban vídeos y colorida iluminación, este último aspecto muy elaborado. Sobre el escenario le acompañaban diez músicos que aportaban una riqueza inusitada a su directo, destacando las percusión (había dos baterías). Pero la estrella era él, Justin, que además de por su música se ganó al público gracias a la cercanía y simpatía.

Como era de esperar su segundo disco fue el más mimado, interpretado casi en su totalidad, pero también hubo concesiones a su debut y EP. Skinny love, considerado su mayor éxito (hasta en Factor X lo interpretan), revolucionó al personal, al igual que Woods, donde se le iluminó de tal manera que parecía la última venida de Jesucristo, y empleó la duplicación de voz en tiempo real, generando un magnífico efecto (él canta y a continuación se vuelve a oír la voz grabada hace escasos segundos junto con la de ese mismo instante). Creature fear y Blood bank fueron otros temas antiguos a reivindicar, que se unieron en el bis a The Wolves (Act I & II) (donde animó al público a cantar ‘what might have been lost’) y por supuesto For Emma, gran broche final.

Una experiencia casi religiosa, aunque con un par de puntos cuestionables. De primeras la voz en los dos temas que abrieron el concierto no estaba muy alta (en Minnesota, WI directamente no funcionó el micro la mitad del mismo). Por otra parte, en los momentos con mayor instrumentación tampoco se le escuchaba en exceso. Dos problemas técnicos que no enturbiaron un concierto que sobrepasó las expectativas. Sí, Vistalegre no son las ruinas de un castillo en Lyon (verídico), pero el poder de Bon Iver en directo transformó un recinto del montón en un lugar mágico y la velada en algo irrepetible.

Puntuación: 8,5

Juan Diró & jarto / foto: 20 minutos (J. Castellanos)

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