Godspeed You Black Emperor! en Teatro Kapital

No cabe duda de que Godspeed You! Black Emperor mantiene, a pesar del paso del tiempo, un público fiel que admira y sigue queriendo ir a sus conciertos. Anoche, Godspeed You Black Emperor! con una sala prácticamente llena, nos recordaron a todos los que asistimos que esto de hacer un concierto no es cuestión de entretenimiento, que no es esto cosa obligatoria, sino que es cuestión de hacer algo desde las entrañas y que haga mover las entrañas de los asistentes, que los haga vibrar desde un peculiar y raro estatismo al que te “obligan” estos músicos.

Es por ello –y por el altísimo nivel de sus discos (tenemos pendiente el último, crítica que próximamente publicaremos)– que había cierto nerviosismo y ganas de oírles en el ambiente. Fue un concierto formidable, donde mostraron que esto del post-rock no es cosa baladí sino un ejercicio profundo de introspección, de sentimiento a través de mantener el sonido y la tensión, creando un ambiente cerrado y saturado desde el que progresar en la composición. Las imágenes que proyectaron formaron parte de aquello que estábamos oyendo, conjugaban perfectamente con la música sin distraernos, acompañándonos de la mano. Hay una crítica explícita en sus imágenes que es reflejo de su trabajo musical –el componente politizado de su música siempre ha estado ahí–: pero es esta una crítica sopesada a una sociedad sobrexcitada, burda, llena hasta los topes de algo informe, saturada por el ruido que produce ya sea un ruido audible o visible. Este es el discurso que indefectiblemente nos ha traído Godspeed You! Black Emperor desde su primer trabajo, un discurso duro pero lírico, esperanzado al fin y al cabo. Es por ello que Godspeed You! Black Emperor no hace música por hacerla: es por ello que frente a otros músicos que hacen este tipo de post-rock como Mogwai o Explosions in the Sky, Godspeed You! Black Emperor parecen más maduros y sinceros y, estos otros, niños jugando a al sonido de la épica.

El concierto de ayer no tuvo más de 6 canciones en las que se combinaron cortes antiguos muy aplaudidos de antemano como Sleep (la grabación del anciano que recuerda cómo era Coney Island con la que comienza la canción hizo que se nos erizara cada pelo del cuerpo) con canciones del nuevo disco, la excusa requerida para visitar Madrid. A pesar de algún que otro amigo agorero que me decía que su último concierto fue un verdadero aburrimiento, todo aquél que fue anoche a Kapital, disfrutó de aquello que DEBE tener de único e irrepetible un concierto. A la salida, la gente bullía felicidad, satisfacción y sorpresa, cargados con vinilos del nuevo Allelujah! Don´t Bend! Ascend!, queriendo revivir desde casa esa saturación musical, esa honradez única que nos habían regalado anoche en Madrid. Sirva este texto de agradecimiento a los músicos: personalmente, hacía mucho que no disfrutaba tantísimo de la música en un concierto.

Carlos Bueno

No Responses

Deja un comentario