Pitchfork Music Festival Paris: Viernes 2

Tras la primera jornada del festival, el segundo día se antojaba igual de intenso que el anterior, con conciertos programados de Jessie Ware, The Walkmen, Wild Nothing o Robyn, entre otros, que (a priori) harían las delicias de los cientos de hipsters congregados en la Grande Halle de la Villette parisina. Nuestras expectativas, al menos en gran parte, se cumplieron.

Empezamos tranquilos, escuchando el pop discreto de OutFit que a pesar de lo sobrio de su sonido y puesta en escena, cautivó rápidamente y sin demasiado esfuerzo al escaso público que a primera hora de la tarde ocupaba el recinto.

No mucho más tarde, llegaba el turno de uno de los highlights del festival por mérito propio: Jessie Ware. La londinense, que ha colaborado con SBTRKT, Joker o RackNRuin, ofreció un set de canciones corto pero intenso; Ware nos permitió disfrutar, durante aproximadamente media hora, de su prodigiosa voz en temas como Running o la magnífica Wildest Moments, canciones que deberían ya pasar a los anales de la historia del nu soul. Aunque el currículum de Jessie Ware no sea aún demasiado extenso, prevemos que su luz brillará cada vez más fuerte.

Wild Nothing, sin embargo, apenas brillaron y siempre a la sombra de otros grupos de su quinta, como Beach Fossils o Wavves. Quizás no haya sitio en este mundo para tanto guitarreo, o quizás simplemente es que un servidor no sabe apreciar la complejidad de este estilo. De todas formas, no fueron muchas las personas que parecían abstraídas por la música, aunque esto era una constante en el público del festival.

Muy diferente fue el concierto de The Tallest Man On Earth. El proyecto folk de Kristian Matsson logró congregar a una auténtica multitud de personas que coreaban alegremente todas las canciones que el sueco desgranaba con su guitarra y poco más. Música como la que Matsson factura es la que nos hace considerar la música como algo mágico, que trasciende todos nuestros sentidos.

De The Walkmen poco podemos decir que no se haya dicho ya. El quinteto estadounidense son sinónimo, tanto sobre como fuera de los escenarios, de épica punk. Mucho menos conocidos que Interpol -grupo con el que podríamos compararlos-, tienen quizás la misma cantidad de himnos que aquellos, y el público los conoce en su mayoría.

Tras ver un par de canciones de Chromatics, corrí como buen fan que soy hacia el otro escenario habilitado, para llegar a tiempo y coger un buen puesto, ya que Robyn, nuestra popstar favorita, saldría en escasos minutos. La sueca provocó una ovación de dimensiones monumentales a su salida, lo que confirmaba que ya juega en otras ligas; Robyn es la popstar que los indies de todo el mundo necesitaban. El set que preparó para el festival, aunque corto, incluía todos los hits que uno espera escuchar en un concierto de la de Estocolmo: Dancing On My Own, Fembot, Who’s That Girl e incluso sus dos colaboraciones más famosas With Every Heartbeat y The Girl and the Robot. Todas las canciones vinieron acompañadas por una de esas coreografías tan entrañables que Robyn nos prepara para nuestro deleite, de serie.

Ya calentito tras ver a Robyn, el público se rindió ante Fuck Buttons, que ofrecieron un live hipnotizante, apabullante. Yo no podía dejar de bailar (o saltar, más bien), y la gente a mi alrededor tampoco.

Para terminar la jornada, la organización nos había guardado un plato fuerte: Animal Collective. Los de Maryland empezaron bien, tocando los temas más pop de su último álbum, alguno que otro del Merriweather… además de Honeycomb, canción que siempre entra bien. El problema llegó cuando decidieron que podían volverse experimentales como solo ellos saben, y tirarse más de media hora con un ritmo más bien llano, alargando las canciones hasta el infinito. O el pop del futuro puede ser un reverendo coñazo, o es que aún no estamos lo suficientemente preparados. Afortunadamente, el colectivo animal salvó la papeleta in extremis, tocando Brother Sport y My Girls, viejas conocidas y queridas por el  público.

Quizás no teníamos suficiente, pero terminamos yendo al “after oficial” que Pitchfork había organizado en Le Trabendo, sala cercana a la Grande Halle. En dicha fiesta, pudimos ver a Jupiter, dúo de electropop parisino, niños mimados de Kitsuné. El concierto de Jupiter fue enérgico, lo suficiente para despertarse después de la experimentación animal, y fue muy divertido. Desde luego, será necesario echarles un ojo ahora, pueden llegar a ser grandes. Al terminar la noche, también bailamos con Lindstrøm, o más bien con la electrizante sesión que el noruego nos había preparado. Una jornada inolvidable.

Emilio Morales / Foto: Pitchfork

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