The Pains of Being Pure at Heart en Matadero, Madrid

The Pains of Being Pure at Heart son como aquellos amigos que ves de vez en cuando, que por una parte te da pereza quedar pero al hacerlo te das cuenta que acaba mereciendo la pena, incluso escuchando las mismas batallitas de siempre. Sabes a lo que vas sin excesivas novedades, pero te sientes como en casa (aunque también hay sitio para alguna sorpresa). La cita era de nuevo en Matadero, después de morir casi congelados en Lotus Plaza; pero esta vez el aforo era mayor (más calor humano) y las temperaturas no tan bajas, por lo que no tuvimos que estar más atentos de amputarnos los pies. Y quién piense que a porque nos visiten muy a menudo no son capaces de llenar, se equivocan, ya que la nave estaba repleta (también influyó el económico precio de la entrada).

Sin telonero, tocaron algo más de una hora donde interpretaron Come Saturday, This love is fucking right!, A teenager in love o Everything with you (ese solo de guitarra te da la vida) pertenecientes a su debut, y una menor presencia de su segundo disco, pero donde no faltó Belong, Heaven’s gonna happen now o Heart in your heartbreak. Si hubo una menor presencia de este álbum es porque en realidad ya no lo están presentando de manera oficial, y parece que una tercera parte está en el horno. Así presentaron nuevos temas de los que se podían sacar pedacitos de The Cure (una influencia nada nueva) e incluso Bruce Springsteen. Y en directo aprobaron con nota, así que hay ganas de este tercer largo.

Como siempre ciertos matices de la producción se pierden en directo, es de esperar, pero los cinco chicos supuran demasiada jovialidad para ponerles demasiados peros. El sonido se pudo considerar como notable, y dentro del concepto ruidista de la propia banda, se podían distinguir los diferentes instrumentos (esta vez el teclado no era una anécdota). Otro aspecto a destacar en la simpatía de el vocalista Kip, que como siempre se ganó al público con su naturalidad de chico adorable y con un punto inocente. Y Peggy, que tampoco es que destaca demasiado, pero su simple presencia enamora. No es el concierto de tu vida, pero te dejan con una sonrisa en boca, y con ganas de mantenerte joven por siempre (luego te deprimes sabiendo que jamás sucederá).

Puntuación: 7,5

jarto / foto: Sergio Gesteira

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