El legado de Blue Lines de Massive Attack

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Han pasado 21 años desde que Massive Attack dieran la campanada con Blue Lines, álbum que marcó un antes y un después en la historia de la música moderna. Para celebrar una cifra algo aleatoria (20 aniversario hubiese sido más coherente) se ha publicado una reedición remasterizada sin extra alguno. A más de uno le parecerá algo pobre, pero un disco tan sólido no necesita de adornos que lo lastren. Pero no queremos focalizar la entrada en este lanzamiento, sino en recrearnos en la grandeza del original y la influencia que ha ejercido en las últimas dos décadas. Solo hay que ver por ejemplo las nuevas divas del pop, llamémosle alternativo, Lana del Rey y Emeli Sandé. En la primera no lo vimos tan claramente hasta el single Born to die, pero en el caso de la inglesa resultó evidente desde su primer éxito Heaven, un fusilamiento en toda regla de Unfinished sympathy. También se percibe una clara veneración por parte de The Weeknd, y en el caso de Burial poco más se puede decir que incluso ha colaborado con ellos (lo que no sorprendió a nadie). Los noventa han vuelto, por si aún quedaba alguna duda.

Blue Lines se puede considerar el primer disco de trip hop puro y duro, asentando el género que marco gran parte de los noventa, por mucho que por supuesto existiesen precedentes (en la escena club de Nueva York, dónde si no, o de artistas como Afrika Bambaataa) . Sin embargo nadie tejió un abrigo musical donde la música negra (jazz, soul, hip hop) mantuviese un equilibrio con la electrónica como nueva reconversión del género de una manera tan natural y eficaz. Todo en Blue Lines fluye como si se tratase de un ecosistema libre pero en el que cada elemento tiene su propio sitio y sentido. Mezzanine es su otra gran obra (aunque algunos apuestan por Protection), pero ni de lejos goza de la frescura y espontaneidad de su debut; se trata de otro concepto, quizás no peor, pero sí más discutible. Porque además el feedback entre clasicismo y modernidad del primero resulta indiscutible.

Analizando el contenido, Unfinished sympathy es un hit, sí, infinito, que más de veinte años más tarde sigue emocionando y hasta nos hace bailar dejándonos llevar por la línea de base sincopada mientras cerramos los ojos y nuestros oído surfean entre las preciosas cuerdas. El lado más soul del álbum también está representado por exponentes impolutos como Safe from harm o la luminosidad de Be thankful for what you’ve got y Hymn of the big wheel. En el lado más hip hop tenemos la elegancia de One love, la sutil y sensual Blue lines o la más descaradamente jamaicana Five man army (las raíces musicales de este país se encuentran muy integradas en el disco y el género). Hay quien se queja de que unos temas sobresalen respecto a otros, al menos si se escuchan de manera independiente. Puede ser verdad, pero a pesar de que se sacasen resplandecientes singles, la grandeza se percibe en su conjunto; el perfecto orden del tracklist no admite variaciones y las fragmentaciones no le sientan del todo bien. Blue Lines es un trabajo único y coherente, y hay que consumirlo y disfrutarlo como tal.

A partir de este gran 1991, muchos artistas tanto alternativos como comerciales se sumaron al carro del género, tomaron apuntes del mismo e incluso le pidieron favores a la banda. De los primeros podemos citar a los alabados Portishead, que nacieron el año de la publicación del disco, o bandas desaparecidas o en estado de letargo como Morcheeba, Death in Vegas o Groove Armada. Björk no se sumergió del todo, pero sí que se agenció recursos y colaboradores del grupo de Bristol, al igual que Radiohead cuando la electrónica ganó más peso en su carrera. En el campo de las colaboraciones, Madonna, que iba de moderna en los noventa, no quiso perder la oportunidad de colaborar con ellos, e incluso tomó ideas para su Ray of Light. Además, las bandas sonoras de la época están trufadas con temas de este álbum, ya que la electrónica inglesa era un must en Hollywood. Los 2000 no siguieron la senda de manera tan evidente, pero ya no había vuelta atrás respecto al anclaje de Blue Lines en buena parte de la música popular y alternativa, aunque fuese de manera subconsciente. A finales de esta década ha resurgido plenamente en determinados artistas, como ya hemos comentado, y parece que esta reedición tiene más sentido que nunca. Así que sí, les perdonamos que no hayan incluido nuevo material, la simple reivindicación del papel de este álbum en la historia de la música ya es más que suficiente.

Lo puedes escuchar en Spotify.

jarto

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