Pegasvs y The Suicide of Western Cuture en Joy

Tras haber regalado tres entradas para el concierto, no podíamos faltar a esta edición del ciclo Pop & Dance, que presentaba juntos pero no revueltos dos de las bandas que más están dando que hablar en el ámbito de la electrónica nacional. Y si no queremos pecar de reduccionismo, habría que especificar que del subgénero más analógico. Una sala bastante concurrida, pero sin agobios, congregaba a lo más moderno y gafapastil de la capital, nada que ver con el ecléctico público de algunos de los conciertos de la temporada.

The Suicide of the Western Culture dieron el pistoletazo de salida con su catálogo electrónico que en ocasiones se mueve más entre el ambient y otras tira más al prog-rock, todo desde un prisma ciertamente experimental. El sonido en general gozó de buena calidad hasta que unos deslucidos graves entraron en juego. Como en muchos artistas y bandas en directo, este aspecto se convirtió en la asignatura pendiente que por suerte revalidaron en parte conforme el concierto avanzaba. Sin embargo la excitación inicial, gracias a una explosión sonora de sensaciones digna de elogio, se torció a partir del largo bis, que lastró un concierto que hasta aquel momento resultaba brillante. Unos temas más sucios pero a su vez conformistas que no convencían tanto, a lo que también influyeron los visuales. Si en la primera parte lucieron las habituales pero agradecidas y sugerentes imágenes de estética vintage (¡arriba Instagram!), en el bis se podían leer mensajes tan obvios como ‘Odia a los políticos’ (en inglés, que suena mejor, como podéis comprobar en la foto de debajo) o una historia de un mendigo (guapo) que perdía a su familia. Este último tipo de visuales, obviando la crítica sobre el propio material, no ayudaban al proceso de inmersión.

Puntuación: 7,5

 El show de Pegasvs no estuvo a la altura del de El Día de la Música, pero sorprendentemente no se hizo nada pesado, y eso que ya conocemos la homogeneidad de sus canciones. De primeras, el sonido no resultaba tan definido como su estilo exige, y aunque se percibían los detalles, se presentaban de manera más agolpada, sin la matemática división de elementos que les caracteriza. Por otra parte la voz de Luciana, que resulta secundaria en estudio, en directo acababa siendo anecdótica, percibiéndose en algunos tramos cierta dejadez. Por otra parte, el carisma no es el fuerte de ambos, y ella preguntó tantas veces ‘qué tal’, casi emulando una conversación de ascensor, lo que ya provocaba cierta vergüenza. Casi mejor que hubiesen encadenado canción tras canción, algún ‘gracias’ de vez en cuando, y a correr.

Sin embargo, a pesar de las deficiencias sonoras, su sonido sigue resultando tremendamente atractivo, y tuvieron un par de picos como Brillar y No volverá que nos dejaron un muy buen sabor de boca. El dúo también contó con su propia ración de visuales, esta vez más sencillos pero muy efectivos durante los 50 minutos de concierto, a modo de interferencias muy estéticas que responden a la perfección a su espíritu. Por ello, a pesar de que se le pudieron poner ciertas pegas, el resultado tampoco decepcionó. Eso sí, a raíz del supuesto fin del mundo insinuaron que este podría ser el último concierto al que asistiésemos; hombre, no sería la peor despedida, pero sinceramente esperemos que no.

Puntuación: 6

jarto / fotos: Diego Sánchez

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