My Bloody Valentine – mbv

my bloody valentine

My Bloody Valentine consiguió con el Loveless marcar –junto con OK Computer– a su generación y la venidera. Los 90 no se entienden sin aquel disco insuperable que resitúa lo que se podía hacer con el noise y que da nueva vida a las posibilidades de la guitarra. Pero lo más sorprendente del Loveless, y lo que se ha querido imitar mil veces, es la atmósfera general del disco; no cada una de sus capas, sino el complejo. Ese secreto le pertenece a My Bloody Valentine.

Que amanezca el año con mbv, lo nuevo de My Bloody Valentine tras  Loveless –sí, han pasado mil años–  es, para el que firma este texto, un sueño dulce ante el hosco perfil del mundo económico. Dicho esto, mbv ofrece dos My Bloody que vale la pena escuchar, porque el disco no sólo no decepciona las expectativas sino que las renueva ante un grupo cuyo sonido creíamos epilogal. O dicho de otro modo, creíamos que el sonido My Bloody formaría parte del bagaje de los buenos grupos que vinieran –¿se puede entender, por poner un ejemplo meridiano, la portada del disco del año pasado (o incluso el título en relación a esa portada, Kill for Love) de Chromatics sin la portada del Loveless?–, pero que no se tocaría ese noise-pop que ellos pusieron de modo como lo tocaron Slowdive, Chapterhouse, Lush o Ride. Eso era ya el pasado de la música. mbv viene a decirnos que no.

Lo más llamativo de primeras es que mbv es un disco sereno, sin ansiedad, en pos de los lugares reconocibles que le pertenecen a la banda y otros menos reconocibles. Sin duda, no llega a las cotas de la violencia que se podía ver en aquel EP genial anterior al Loveless, You Make Me Realise, pero ni siquiera tiene cortes tan agresivos como Only swallow incluido en el largo publicado en 1991.

Abre el disco, pues, un primer My Bloody Valentine que conocemos, que conocemos muy bien. Con una oída atenta se es consciente de lo interesado del orden del disco y hallamos en los tres primeros temas lo mejor de un My Bloody cómodo y amable –todo lo amable que pueden ser con sus disonancias y ruido, pero digo amable porque se comprende fácilmente a la luz de lo ya conocemos–. Es más, el corte que abre el disco, She found now, es un tema que está evidentemente construido a semejanza de “Sometimes” y parece coger el testigo de los años pasados en el mismo lugar donde dejaba el anterior. Un corte que parece decir, ¿dónde lo dejamos, por dónde íbamos?

Al cuarto tema, con ese teclado lento que poco a poco avanza todos los cambios del corte para que luego canten sobre él, empezamos a pensar que algo más se está fraguando, aunque el estupendo quinto corte nos vuelva a resitúar –sobre todo al comienzo de él– en eso que ya sabemos del sonido.

La segunda mitad del disco, que yo diría que aparece a la mitad de If I am con ciertos sonidos lejanos y elementos electrónicos, es el My Bloody Valentine que todavía no habíamos oído y que podíamos intuir que existía, aunque no se ajuste plenamente a lo que han hecho principalmente por culpa del hito que significa el Loveless que marca lo que es la banda. Así, los temas que cierran el disco, New you –la canción más convencionalmente pop del mismo–, In another way –formidable–,  Nothing is –la única que podría tener algo que ver con aquel EP del 1988 ya mencionado– y Wonder 2 –una maravilla que parece mirar al futuro– son y avanzan lo que podría ser My Bloody Valentine desde la serenidad del que ya ha cambiado el rumbo de la música y tan sólo ha recogido el fruto de más de veinte años haciendo música para sí mismo. Esas canciones indican un camino por explorar, cada una con una senda distinta. Del mismo modo y en relación a esto, descubrimos que si de algo adolece este mbv no es tanto de riesgo –cierto es que no hay riesgos extraordinarios aunque sí pequeños y deliciosos juegos con su propio sonido como ya se ha indicado– como de ser una colección de canciones excepcionales que no parecen reconocerse entre sí, algunas más recientes y otras más vetustas, y que no crean un complejo compacto al modo que lo hacía el Loveless.

Por lo demás, nada más se puede decir en contra de este disco, y queda desear que sea esta una vuelta en todo regla. La espera, en cualquier caso, valió la pena.

La banda estará actuando en Primavera Sound como cabeza de cartel.

Puntuación: 9/10

Carlos Bueno

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