Justin Timberlake – The 20/20 Experience

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Ay, la madurez, ese concepto. Llegar a los 30, tener un hijo o vivir una experiencia religiosa simboliza para muchos el momento donde la vida debe continuar por la línea adulta establecida por ciertos cánones sociales. Y claro, el arte suele ser, hasta cierto punto, un reflejo de la vida, y muchos se dejan llevar por este nuevo camino, plasmando en su obra cierta serenidad que caracteriza su renovada existencia, pero sin riesgos, excesos o incluso diversión. Discos post-algo siempre ha habido y suelen seguir esta pauta y asociarse a la madurez (salvo los de posruptura quizás, donde toca desfasar); desde Alanis yéndose a la India para volver levitando a Madonna pariendo y travestirse en mística o políticamente concienciada. Unos salen mejor que otros, más creíbles o falacias descaradas, pero una estrella del pop no sería nadie sin ellos (salvo Britney, que ante los cambios de su vida todo se va de madre todavía más). Tras su matrimonio, ahora le toca a Justin Timberlake, el verdadero Justin (sorry believers). Eso sí, madurez pero con matices, para bien (sobre todo) y para mal (detalles).

Tiempo atrás ya aclaró que la música que reinaba las listas distaba bastante de sus gustos, y a Dios damos gracias que no haya escupido sobre tales declaraciones (la coherencia y el pop no suelen ir de la mano). ¿Qué triunfa el dance? “I don’t give a shit!” exclamará. El r&b es lo suyo, e incluso ya lo demostró cuando tomó las riendas en los últimos tiempos de *NSync. Ahí es cuando se demuestra la mentada madurez, manteniéndose fiel a uno mismo. Pero también se pueden abarcar otros estilos y no traicionar a tu esencia; Madonna lo hace, y guste más o menos, sigue sonando a Madonna (salvo alguna excepción como Hard Candy, que por cierto contaba con la participación de Justin). Quizás aún no esté preparado, pero tiempo al tiempo; y si además publica obras de este calibre podemos esperar felizmente (y si no sucede, tampoco lloraríamos).

The 20/20 Experience hace gala del sonido adulto tan ansiado, pero a veces naufraga en la lírica, acercándose a la verborrea de un adolescente que quiere dárselas de rey del mambo. Así que te has quedado a medias en cuestión de madurez, Justin. No importa, ahí tiene a su amigo Timbaland para maquillar los deslices y apuntalar los logros. Porque Timbaland es el puto amo, eso es así. ¿La razón? Incluso repitiéndose más que el ajo da sopas con ondas a la mayoría de productores que pululan por el Billboard Hot 100. Se repite al emplear ciertos clásicos perfectamente reconocibles, pero también incluye novedades en su sonido o estiliza antiguos trucos. A la petarda insulsa de turno le regala los restos (oro comparado con gente como RedOne), pero para Justin se guarda la artillería pesada. Eso, o es que ambos se potencian mutuamente y por separado no darían ni el 50% de lo que aportan a su carrera en general, y a este extenso álbum en particular. Apóyate siempre en los viejos amigos, dicen.

Y no hagáis caso a los dos singles. No desentonan para nada, pero un tema tan “clásico” y un remedo de Cry me a river (muy efectivo e incluso emocional, eso sí) no definen The 20/20 Experience. El primero, Suit & tie, puede hacer pensar que todo es un Marvin Gaye wannabe, mezclado con una repetición de fórmulas para el segundo, Mirrors. Lo clásico también protagoniza el tema de apertura Pusher love girl, lo que tras el primer adelanto provocará que directamente cunda el pánico en los que busquen la modernidad de buena parte de Future Sex/Love Sounds. La segunda parte del corte toma los instrumentos orgánicos para otorgar un carácter más actual (sonidos entrecortados sobre todo) y elementos made in Timbaland, a modo de “ey, ¿os suena?, sí, soy yo, al que olvidasteis en un sótano oscuro”. Ya podéis respirar tranquilos, para soul ya están otros.

Don’t hold the wall no destaca por su melodía, o directamente no tiene; ni falta que le hace, ya que sobresale gracias a una producción ruda que se dinamiza a  través de sutiles sintetizadores. El flow elegante y frágil Strawberry bubblegum puede empalagar, pero la canción se vuelve más juguetona al final, aunque le sobran un par de minutos (es el corte donde la primera y segunda parte más se asemejan). Tunnel vision se presenta como la canción más hip hop, eludiendo zafiedades y con un irresistible loop que va derivando en cierta psicodelía hipnotizadora. Spaceship Coupe toma al Prince más sexualizado (los jadeos, los susurros de Justin), pero también en la forma (el riff de guitarra), mientras que el tema más corto, That girl, resulta paradójicamente el más anodino y de relleno. En Let the groove get in se despendola estilo Bollywood, casi cayendo en el ridículo absoluto; pero qué grande resulta cuando el coche está a punto de despeñarse y por sorpresa bordea el acantilado con chulería y bravío. El punto y aparte lo pone Blue ocean floor, siendo el típico pero resultón final reflexivo y ambiental, más exuberante en su último tramo.

El problema que verán muchos recaerá en la ausencia de hits claros, aparte de la duración de los cortes. Rock your body, Sexyback, Like I love you o My love no hay, no, para qué engañarnos. Quizás se echa de menos mayor definición en sus temas, porque al fin y al cabo hablamos en cierta medida de pop. Pero aquí tampoco somos Popjustice, esperando la canción pop de tres minutos efectista pero intrascendente, y lo de Experience está justificado: tenemos una experiencia, solida y completa, nada de trocearla en infinidad de singles inconexos en búsqueda del oído fácil. Y sí, de nuevo reaparece el concepto de madurez, pero sin aburrir, algo de lo que muchos pecan cuando se pavonean de esta nueva faceta. The 20/20 Experience es un álbum parido a conciencia desde un par de cabezas pensantes que saben lo qué quieren y cómo lo quieren, obviando el qué dirán (¿un disco sin éxitos claros?, ¿tomar a un productor pasado de moda?). A ver si por fin le empiezan a tomar en serio, porque no, no es solo el chico guapo exmiembro de una boy band (que por cierto tenía sus temazos). Si no te agrada al menos que sea por algo más contundente que un prejuicio más visto que el tebeo.

Puntuación: 8,25 / 10 | Escúchalo: Spotify

jarto

Comments
  1. Alonso

    Un disco muy sobrevalorado a mi punto de vista, al igual que el personaje que da la cara por él.

    Justin Timberlake no es ningún salvador del pop como muchos lo quieren hacer ver, y sus letras son un jugueteo muy largo que pretenden ser profundas y rebuscadas. Para mi el único valor de éste disco es que todo mundo esperaba una segunda parte de FutureSex/LoveSounds, pero él viene y entrega ésta oda a la canción sin fin de casi 10 min cada una.

    Personalmente de ésta nueva ola de R&B y Soul post-moderno me quedo con Miguel, Jessie Ware o incluso Bruno Mars, pero a Justin aún le cuelga un buen tramo para que su figura sea la que muchos a su alrededor pretenden vendernos. Y no, jamás será el “nuevo rey del pop” aunque sus fans se empeñen en decirlo en cada oportunidad que tienen.

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