Woodkid – The Golden Age

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Yoann Lemoine es un maestro de lo visual como ha demostrado en diferentes videoclips, pero aún quedaba la duda de si Woodkid, su proyecto musical, estaría a la altura. Sus diversos adelantos presagiaban algo notable, pero también se apreciaba cierta pérdida de la magia inicial; porque objetivamente Iron da mil vueltas a I love you. ¿Ese desgaste no suele suceder con años y años a tus espaldas? Quizás nos dejamos cegar por el espectáculo audiovisual de sus singles, ya que la imagen potenciaba la música hasta el infinito, o en esa maravillosa instrumentación. Con The Golden Age en nuestras manos podemos decir que sí y que no. Su art pop tiene más de art que de pop, lo que no supondría ningún problema si no fuese por su pretensión de querer lidiar con melodías que se suelen quedar a medio gas y una interpretación con demasiado peso y algo impostada.

Primero las malas noticias, ahora las buenas. Se vislumbra el esfuerzo de Yoann en el disco, especialmente gracias a una producción de cinco estrellas que se adueña de la función en la mayoría de los catorce cortes. La finalidad del tema que bautiza el álbum no va más allá de una lúcida introducción que pone la alfombra roja a Run boy run, uno de los momentos álgidos del disco que ya conocimos hace casi un año. Maravilla el aire aventurero en la línea de las películas de género juvenil en The Great Escape, que precede a un tema más melancólico y sosegado como Boat song. I love you, a pesar del comentario inicial, gana presencia con las escuchas, especialmente por los ritmos ligeramente sixties y uno de los mejores estribillos del disco.

Como el disco está planteado hasta cierto nivel como un viaje, hay una sección en donde se utilizan sintetizadores analógicos de corte galáctico que sale ganando tras los bajones de The Shore y Ghost light. Shadow nos introduce de lleno en esta atmósfera para enlazar con la épica Stabat mater, con coros que recuerdan a Carmina Burana (en realidad el nombre del tema tiene su origen en la música cristiana). El viaje espacial continúa en la estupenda Conquest of Spaces, y tras la caída (el interludio Falling) aterrizamos sobre el colchón terrenal en forma de preciosa balada de Where I live, que reivindica el “como en casa en ninguna parte” (¿referencia a El Mago de Oz?). En realidad el disco debería terminar aquí por concepto, pero no podía faltar su canción más popular, la infalible Iron, donde descubrimos su maestría en tema de instrumentación; aunque todavía queda The other side, un poco más de lo mismo y algo prescindible.

El que mucho abarca poco aprieta suelen decir, y parece que Lemoine ha querido llevar demasiado lejos la idea tanto formal como de contenido y a The Golden Age le sobran redundancia y duración (y no se trata de un disco especialmente extenso). El carácter pop tampoco está siempre a la altura del exuberante barroquismo sonoro, por lo que quizás hubiese sido más recomendable centrarlo casi al 100% en lo que realmente destaca. En cualquier caso, un buen debut con miras a un futuro prometedor (aunque sea solo como productor).

Puntuación: 7/10 | Escúchalo: Spotify

jarto

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