Vampire Weekend – Modern Vampires of the City

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Una escucha a Mordern Vampires of the City y a muchos se les pasará por la cabeza que con la edad los chicos de Vampire Weekend se han adocenado; es verdad que la inmediatez y urgencia del debut se quedó en el mismo, pero la frescura y jovialidad sigue intacta, a pesar de que algunos les intenten encasquetar la etiqueta de “disco maduro” en sentido más al uso. En ciertos tramos líricos intentan transitar por el camino de la madurez más social y domada, no obstante la frustración acaba haciendo acto de presencia y la adolescencia perpetua se convierte en casi la única opción, pero en el mejor de los sentidos, el de jamas perder el espíritu joven y la ilusión.

Esta idea y/o sensación además se puede llevar con éxito sin el despiporre punk de antaño; y es que los que sigan anhelando esta vena que esperen sentados. Retazos haberlos haylos, pero sin excesos. Más bien se le puede calificar de disco pop dulce y deleitoso, pero sin diabetes de por medio, tampoco hay que asustarse. Hasta el single Diane young lo transmite, quizás no de la manera evidente de She & Him, pero sí desde el jolgorio y el desahogo. En Obvious bicycle y su línea de base a modo de grapadora queda patente gracias a un adorable Ezra y una melodía bien trazada, al igual Unbelievers, que aumenta ligeramente las revoluciones y goza de unas inspirada instrumentación y unos teclados que la elevan hasta el infinito. Step, que también conocíamos, es una adorable balada, pero no la mejor del disco, o no al menos de manera absoluta: la emotiva Hannah Hunt no deja títere con cabeza ni corazón sin flecha (¡ese final!).

El momento punk llega de la mano de Finger back, que invita al desfase pero que tampoco tiene el gancho de sus anteriores hits del estilo. Cabalgamos gracias a Worship you, noqueando desde la primera escucha gracias a su alocado ritmo y una locuaz interpretación. La importancia del empleo de voces queda patente en buena parte del disco, pero Ya hey se lleva la palma entre los coros y las voces estilo dibujo animado, además de las modificaciones en la del propio Ezra. La introspección cierra el disco con Hudson, que destaca por unos gloriosos coros a lo Danny Elfman, y Young lion, entre lo terrenal (el piano) y lo etéreo (de nuevo otros grandes coros).

La vida no es solo tener casa, coche e hijos; o sí, pero el “cómo” marca la diferencia de una vida anodina y plana a otra rica y estimulante. Y es que este disco insufla ganas de lo segundo, de ser feliz a pesar de los baches, de vivir tu propia vida más allá del qué dirán. Suena todo muy flower-power, pero Vampire Weekend siempre han transmitido una vitalidad auténtica, que cala y que para nada resulta intrascendente como puede parecer si uno se queda en la superficie. Y aunque a veces se les achaque sus orígenes pijos, su obra siempre ha sabido transmitir esta filosofía mucho mejor que otras bandas más descaradamente “rebeldes” o de origen humilde. Si todos los pijos fuesen así el mundo sería un lugar mejor.

Puntuación: 8,5

 jarto

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