1º aniversario de Valle Eléctrico… y que no sea el último

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Como muchos sabréis, Valle Eléctrico celebraba el pasado viernes su primer año de vida con un festival de carácter gratuito por distintos locales de Malasaña y alrededores. Propuestas como la suya hay pocas, aunque parece que a pesar de la situación actual, todavía hay esperanza. A principios de junio Make Noise también organizó un evento similar, pero claro, ahí estaba detrás una multinacional como Converse. Valle Eléctrico, aún con ayudas, no cuenta con un apoyo de esa magnitud, pero a pesar de las limitaciones sus creadores han demostrado que no todo está perdido, y que con un poco de perseverancia, aparte de buenas ideas, pueden llegar a buen puerto eventos de esta índole, e incluso sin que el público pagar un mísero euro (aunque los bienintencionados tenían la posibilidad de adquirir el vinilo a un módico precio). Y es que asistir a un festival de calidad y gratis no es moco de pavo en los tiempos que corren.

Sin embargo si por algo destacó el evento es por el buen ambiente en las tiendas y por el éxito de asistencia, que además también daba para darse un garbeo por las tiendas y si el bolsillo lo permitía adquirir alguno de sus exclusivos productos. Por supuesto siempre se encuentran excepciones entre tanto interés, buen rollo y entrega, como alguno que descaradamente entraba, cogía una cerveza, que también eran gratis, y salía a la calle, importándoles un pimiento las actuaciones. Y por si fuera poco, cuando se les advertía que no lo hiciesen por el tema multas, hacían oídos sordos. Al final, como era de esperar, se generó un pequeño conflicto cuando apareció la policía en Duke, que por suerte se resolvió sin problema. Paletos nunca han faltado, por mucho que se vistan de modernos (¿o justo por eso?).

El caso es que la estupidez humana no iba a aguar una cita muy apetecible si la música resulta un elemento intrínseco en tu vida. Se echan de menos más propuestas similares, ya no solo gratuitas, también a precios competentes, y manteniendo el nivel, por supuesto, como ha sucedido siempre con Valle Eléctrico. La mayoría de artistas no destacaban por su popularidad, pero descubrir alternativas a los que la mayoría de medios, más grandes o más pequeños, presentan (y nos incluimos, que también pecamos de ello) nunca puede ser mala idea. Y gratis, que es el quid. Porque apoyar las nuevas propuestas siempre resulta encomiable, pero es obvio que no todo el mundo se lo puede permitir, y menos con la que está cayendo; pero cuando no tienes ni que adelgazar la cartera, resulta irrisorio ni planteárselo (aunque mejor eso que hacer acto de presencia única y exclusivamente por la cerveza). Muchos se resisten, a pesar de no se puede saber que algo no te gusta sin conocerlo, sobre todo cuando en el caso de Valle Eléctrico monotonía y homogeneidad no aparecen en escena. De las guitarras afiladas y energía de Fuckaine, a la indie electrónica delicada de Huias, pasando por el folk minimalista de Narcoléptica o la abrasión sonora de Holy Science entre otros ejemplos demuestran que por variedad que no fuese, pero ni con esas.

Así, normal que no florezcan otros eventos similares, quizás debido a que, una vez más, aunque la mona se vista de seda mona se queda. Malasaña cada vez estará más a reventar, pero lo que se refiere a interés cultural no va sobrada. Solo hay que recordar un par de semanas atrás el Make Noise, en este caso en su versión Festival, que contaba con varias bandas medianamente conocidas y no congregó a un excesivo número de personas. ¿Qué se puede esperar si el cartel está plagado de nuevos artistas? Por suerte desde sus inicios Valle Eléctrico ha sabido mover bien los hilos, crear un concepto atractivo y una imagen de marca relativamente consistente, además de contar con un buen plantel de artistas y generar un ambiente de lo más festivo, por lo que el público casi siempre ha sido agradecido. El regalo a ellos, a nosotros, ha sido este  primer aniversario. Y que sean muchos más.

jarto

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