Alex Clare en Veranos de la Villa, Circo Price

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La elección por parte de los Veranos de la Villa de un artista altamente popular en Reino Unido como Alex Clare, pero de alcance más que reducido en otros países europeos, era una apuesta arriesgada y los pronósticos lamentablemente se cumplieron. Un público muy joven, a raíz da la iniciativa conjunta con el festival Dcode no fue suficiente. No obstante, esta recepción en cuantía de público no se percató ni en el directo de los artistas ni los asistentes, que parecían dignos de club de fans del cantante.

Antes del concierto del artista británico, Le Traste iniciaron la velada. Fue una grata sorpresa, porque en ningún momento se mencionó su actuación hasta que ya se encontraban en el escenario. Casualmente, su cantante hizo un guiño al artista principal, vistiendo una lustrosa boina también. Apadrinados por Cuervo Music, este concierto supuso un excusa para adelantar las primeras trazas del que será su tercer trabajo, con vistas a ser publicado este inminente septiembre con un señalado cambio al castellano. Su rock acústico de tendencia épica destaca por su gran control de la intensidad de su sonido, que resultó totalmente impecable. Un muro sólido que crece uniformemente bien, aunque quizás su principal desventaja sea que su discurso tiende a la ecuanimidad del sonido. Los dos temas adelantados enfatizarán sus similitudes con otros artistas del territorio nacional, pero es muy probable que se reconozca en popularidad su trabajo más que sólido.

La banda integrada del vocalista inglés dio la entrada a un Alex Clare bastante tímido al inicio. El uso de su boina muchas veces le permitía esconder la mirada y sus pasos tendían a delimitarse al perímetro de su micrófono. Su debut The Lateness Of The Hour fue desgranado, comenzando con su repertorio más soul de coequeteos free-jazz. Relax my beloved supuso la toma de contacto. Lo cristalino de los teclados, sumamente limpios, junto con su percusionista, destacaban frente a un guitarrista escondido en el extremo derecho.  Y ante todo, si había algo protagonista era el chorro de voz de Alexander George Claire, que sacrificaba su movimiento en el escenario en pro de sus dotes vocales, que nunca bajaban de intensidad, con temas como Hummingbird o Trightrope, que sonaron más que correctos.

Sin embargo, en el directo hubo un antes y en después cuando Clare estrenó tres temas nuevos del que será su segundo trabajo, tocando él mismo la guitarra acústica e incluso sin el apoyo de su banda. Cómo él mismo afirmó, suponía la forma más fácil de afrontar temas menos trabajados en directo ya que podía reproducir el proceso en el que fueron compuestas. Totalmente íntimo y de alto componente soul, tras dar este paso, se apreció un peso liberador para el vocalista y se tradujo en un radical cambio en su puesta en el escenario, etapa que empezó con Hands are clever. Alex Clare trataba de bailar, de una manera entrañable, salvo cuando la banda protagonizaba algún momento épico, a lo cual aprovechaba para desaparecer del escenario (When doves cry). Salió de su zona de confort. El cierre con su single Two Close hizo enloquecer al público, aunque a cada momento en el que los sintetizadores alcanzaban contundencia, se notaba las ganas de fiesta de los asistentes. Alex Clare destacó por su humildad y porque los toques dubstep primerizos que le encabezaron en su momento con el movimiento inglés liderado ahora por Rudimental parecen que van a desaparecer.

Tito Ruano / foto: Alina Lakitsch

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