Crónica South Pop Isla Cristina

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Un año más regresaba al festival perfecto para finiquitar el verano, con el fin de aprovechar los últimos coletazos de calor y no empezar a deprimirme antes de tiempo por la llegada del otoño. Y qué mejor que empezar South Pop Isla Cristina con una pinchada en la piscina el viernes por la tarde, para ir calentando motores, aunque como siempre la mayoría de gente está llegando mientras se produce, por lo que la fiesta acuática no explota hasta el sábado.

Como primera cita conciertil estaba Yast, que presentaron su notable debut más algunos temas nuevos. En directo optaron por una fórmula más noise que les acercaba a otras bandas coetáneas como Yuck en su afán de recuperar los noventa. Así, el ingrediente pop quedó algo diluido, lo que también se percibió en el setlist, que mostraba su lado menos melódico, dejando de lado muchos de sus mejores representantes. Por ello el resultado, aunque competente, resultó algo monótono. Quizás con un par de copitas encima… pero a las 8 tampoco era plan.

Había un cartel a la entrada del festival que presentaba a Blam de Lam como lo mejor que le había pasado al indie español desde Los Planetas y Nacho vegas. Tampoco hay que pasarse, pero en directo cumplieron de sobra presentando su debut, dividiendo el show entre las las canciones más directas, que recuerdan a J y sus chicos, y las expansivas y atmosféricas, que les podían acercar, salvando las distancias, a Mogwai. A pesar de esta dicotomía la fórmula no resulta forzada y funciona. Para Exsonvaldes esperábamos un buen recital de pop y no decepcionaron. Algo intrascendente, sí, pero más o menos buenrollista y divertido, plasmando su faceta más pop (y algo Phoenix) de su último largo y recuperando temas más guitarreros de los anteriores.

La verdad es que Delafé y las Flores Azules me provoca una pereza extrema y para nada irracional, pero se trataba del cabeza de cartel del viernes y había que pasarse al menos. Por momentos podría resultar entretenido, pero su setlist no se puede estirar tanto, y si además le unimos la impostada actitud de su líder por intentar ser un carismático mesías, que acababa irritando al más paciente, casi se presentaba como mejor opción irse a por un cubata. Y por mucho que, te guste o no, pueda resultar medianamente animado, tampoco es para plantarlo como final de la velada en directo. Gracias a Dios que luego disfrutamos de la sesión de Le Marchand de Sable Dj, posiblemente la mejor de todo el festival, bordeando de cuando en cuando los tópicos (no está de más alguno, pero tampoco rebozarse en ellos) y con agradables sorpresas como un mash-up de Midnight city y Diamonds.

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Ya el sábado, y tras una resaca de muerte, tocaba cita obligada en la piscina en una pinchada casi exacta a la de otros años. Menos mal que la gente se entrega y salpica hasta que tus ojos arden por el cloro, de no ser así resultaría bastante insípida. Después tocaba el turno de Grises, que tras su show uno se preguntaba por qué fue programado a las 8. Un directo enérgico gracias a una selección muy happy flower, que proviene en su mayoría de su último álbum, y movida que animaba hasta un muerto (ellos mismos se sorprendieron de la respuesta del público a esa hora tan poco adecuada). Ni la chirriante actitud de la chica lo entorpeció, donde hasta los niños disfrutaban (hay mucha familia con hijos en el festival). Y ellos muy guapos, claro.

Entre el francés y el inglés, Baden Baden ofrecieron alrededor de 45 minutos bastante intimistas con efluvios de energía, y sin resultar la panacea sí que dejaron claro que se rigen por las buenas maneras y por un pop adictivo que en directo no pierde fuelle. Dorian, el supuesto plato fuerte del sábado (en términos de popularidad al menos) empezaron titubeantes gracias a un sonido muy contenido y la poca presencia de la voz de Marc. Mientras se sucedían las canciones los problemas se solucionaron a medias; por suerte la potente selección de canciones, muchas de ellas himnos, aunque a muchos les duela oirlo, compensaron estos peros, a lo que la actitud del público también ayudó. Se sigue echando de menos el lado más intimista de su último largo, pero es normal que prescindan de él en un festival.

Para terminar la jornada de conciertos estaban los suecos MF/MB, que empezaron con sus temas más rockeros, casi en clave de heavy, para luego ir derivando en su faceta más electrónica, generalmente potenciando la contundencia de su material en estudio. Curioso broche final, no lo más bailable del mundo en el sentido más convencional, pero perfecto para desahogarse. Sensación que acabó en bajón total con Ventura Dj, que a diferencia de la sesión 24 horas antes, el manual del indie salió a la luz como si fuéramos postadolescentes que acaban de descubrir de The Killers, y la realidad es que la media de edad es de 30, sino más. No hace falta pinchar la cara b del tercer single de una banda de post-rock de los noventa, pero escuchar lo mismo una y otra vez no tiene justificación alguna a estas alturas.

Al día siguiente se celebraba la barbacoa gratuita, aceptable pero sin tanta variedad respecto al año pasado (pecado que en una zona pesquera no hubiese ni pizca de frutos del mar). Las sesiones del domingo resultaron bastante más digeribles que la que sufrimos en la madrugada, perfecto final de fiesta para un festival que con sus más y sus menos sigue siendo una cita única en su conjunto.

jarto / fotos: Juan Diró & Bea Tejedor

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