Goldfrapp – Tales of Us

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Hablar de Goldfrapp es hablar de esquizofrenia musical, aunque bastante predecible a estas alturas, por lo que tras un disco frívolo y hortera tocaba etapa de introspección. Tales of Us resulta más desnudo que Felt Mountain, y más sobrio que la épica (por momentos) de Seventh Tree, sosegado, incluso se le podía tildar de plano, sin emparentar este adjetivo al tedio más absoluto. ¿O sí? A los fans más acérrimos de su lado petardo les parecerá un bodrio de proporciones épicas, y a los del Felt Mountain un intento fallido de reconciliarse con ellos. Vamos, que no van a haces las paces ni ganar nuevos fans precisamente. Lo que toca es hacer acopio del mínimo sentido crítico que tantas veces se ausenta y obviar géneros o recuerdos de un pasado glorioso. Y es que el sexto álbum de estudio del dúo se merece un par de oportunidades aunque los prejuicios puedan contigo.

Sin embargo para el que suscribe supone una preciosidad, y por ello la reseña seguirá por estos lares. Porque soy fan de la banda, a todos los niveles, pero no por ello implica que me trague con patatas cualquier material que publiquen; pero sin duda asumo su dualidad como artistas, y a cada disco se le puede ver algo por lo que merezca cierta defensa, incluso al irregular Head First. La personalidad de Goldfrapp, sobre todo gracias a Alison, claro, se mantiene intacta da igual el patrón que siga cada trabajo, transmitiendo una sensación de coherencia dentro de la propia incoherencia inherente en cualquier ser humano. Tras la fiesta ahora es turno de la calma, de la sensibilidad a flor de piel, de aires femeninos (ella como icono bóller), que el dúo plasma en un disco con nombre de mujer en la mayoría de los cortes, que trata de tú a tú, en un monólogo imaginario con cada una de las protagonistas.

La delicadeza de Jo, primer tema, se transmite en casi todo el largo, en este caso a través de vaporosos juegos de voz, guitarras acústicas que se expanden para acolchar una críptica letra sobre escapar y la certeza de encontrar un lugar mejor. Una temática similar pero centrada en la ambigüedad sexual se percibe en Annabel, canción misteriosa y sugerente, casi desnuda en su apartado sonoro, salvo las sinuosas cuerdas del final. El single Drew es el mejor exponente a la hora de representar el espíritu de Felt Mountain y Seventh Tree, mientras que las atmósferas más sutiles y vaporosas del segundo resurgen en Alvar, y Stranger se deja camelar más por el primero. Más deudores de su faceta más electrónica se muestran en Thea, que se conjuga perfectamente con la lírica más excéntrica del disco (“¿eres humano o un perro?”). Y para cerrar, con Clay dejan pasar cierta luz por la ventana tras una tarde nubosa.

Los que ahora echen pestes de Tales of Us que se lo pongan en un par de meses, cuando las hojas ya estén cayendo y la resaca del verano no siga haciendo mella. Descubrirán un trabajo más inspirado de lo que cabría esperar tras el pequeño bache de Head First, donde una espléndida Alison a nivel vocal (¿cada vez hace gala de más matices o me lo parece a mí?) fluye a través de, como siempre, una producción de primera línea, que demuestra que  Will es un todoterreno. Así que como suele ser habitual, y aunque a muchos les pese, Goldfrapp vuelve a acertar en su bipolaridad musical que asumimos como parte de su personalidad, no como una búsqueda incesante de la misma. ¿Que el próximo álbum es puro italo-disco? Pues bienvenido sea.

Puntuación: 8 I Escúchalo: Spotify

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