Jackson Scott – Melbourne

jackson_scott

Debo reconocer que siempre he tenido cierta debilidad por los primeros discos de los grupos. Cuando me acerco a ellos pienso que allí se encuentra, ya sea en estado larvario ya sea perfectamente expuesto, todo el sonido que va a desplegar el grupo en cuestión. Esto, por supuesto, no siempre es así –habría muchísimos primeros discos que luego no han significado gran cosa para el desarrollo del sonido de un grupo– y aunque soy consciente de que esto, no puedo evitar asomarme a esos primeros discos con una curiosidad añadida, a la espera de algo que me interese o me llame la atención. Espero de los debuts que me sorprendan casi más que cualquier otro disco.

Jackson Scott publicó hace poco su primer disco, Melbourne, y es un muy buen comienzo. No sólo eso, creo que es de los debuts que más me han gustado en bastante tiempo. Pero dejemos de lado lo que yo pienso; empecemos a bucear –ese verbo que la RAE define con una plasticidad magnífica, como un amigo mío me descubrió: “nadar con todo el cuerpo sumergido”– en el disco. Y es que es Melbourne uno de esos discos que se dejan bucear, que desean ser buceados, por la especial densidad de efectos que imprimen como pátina general al sonido. De primeras nos recuerda a Connan Mockasin –gusta Scott de efectos y reverbs parecidas a los del grupo neozelandés–, de segundas caemos en Syd Barrett y en algún momento pensamos en Deerhunter o en Sonic Youth. Hecho el ejercicio de simplificación para dar algunas coordenadas a quién lee esto pero no está oyendo el disco, Syd Barrett es, sin duda, la influencia fundamental y no sólo porque Jackson Scott insista en ello cada vez que tiene oportunidad. El disco no deja de estar construido sobre temas en medios tiempos, y precisamente en ese tipo de temas además de las baladas –como In the Sun, magnífica–, es donde mejor se observa esa influencia, que son también donde el músico consigue sus propios pequeños hallazgos.

Pero, todavía más interesante es que en los temas que reúnen Melbourne se despliega tanto el amor por Barrett de Jackson Scott como otra ristra de escuchas que van desde el grunge y el noise hasta el shoegaze o el lo-fi, sin olvidar ese sonido playero de los sesenta con los que monta muchas bases rítmicas de las canciones. Es decir, Jackson Scott parece decirnos que no es un advenedizo: viene con un bagaje importante del que intenta beneficiarse para forjar el sonido que se nota que está buscando y que podríamos decir que también está hallando. Por eso, temas como el segundo corte, Evie, o el cuarto, Sandy, son excelentes y complejas canciones: porque todo ese bagaje puede rastrearse allí. Y luego aparecen también cortes como Together forever que podrían haber firmado aquellos Deerhunter que compusieron el Weird Era Cont., aquella cara B del Microcastle, siendo el primero casi tan bueno como el segundo –sino mejor en algunos momentos verdaderamente memorables como en temas como Vox Humana o Vox Celeste–.

Puede ser que el único error de este disco haya sido pecar de cierta ingenuidad: si hubiera dejado de lado temas algo anodinos este disco sería todavía mejor. Ahora pienso en That Awful sound, que sin un corte malo, parece demasiado deudora en estructura y melodía al pop-punk americano –como si dejéramos unos Weezer–, a pesar de que el grupo dé una pátina de ese sonido del que hablábamos que parece estar forjando. Pero un disco de debut puede y casi debe tener errores, porque no se espera los discos que sean perfectos sino que sea emocionantes. Por eso este debut no deja de ser estupendo.

Puntuación: 8/10 I Escúchalo: Spotify

Carlos Bueno

Share

Deja un comentario