Pshycotic Beats – Dormihcum

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El otro día salía a la palestra que en el indie encontramos muchas bandas sin pizca de profesionalidad pero a las que se les permite estar donde están por su actitud, y más en el panorama nacional (en otros países ya hacen de filtro para qué exportar y qué no). Por eso siempre da gusto encontrar a gente como Andrés Costureras y su proyecto Pshycotic Beats, que, más allá de calidad artística o gustos, garantiza un mínimo de mimo y trabajo en estudio (todavía no he tenido el gusto de verle en directo), donde muchos ni se defienden. Y las buenas producciones también se echan en falta en este país, que se salgan del tiesto, y Andrés se encarga de ello (y está colaborando con otras bandas) y en Dormihcum se nota a la legua el cuidado trabajo en este ámbito.

El disco se divide en dos vertientes, una electro y synth pop y otra que se decanta por un estilo más instrumental, casi de musical. Lo que ambas comparten es el gusto por el exceso. Y es que lo que para algunos se presenta como un aliciente (¿público gay?), a otros les echará para atrás (¿heteros?). Desde el primer tema, Let me in, no se anda con rodeos: seis minutos y pico de cuerdas, drama y excesos vocales. Este último punto bastante destacable, ya que guste o no su voz, al menos se puede lucir y de su pronunciación ya podían aprender algunos. Ya en el segundo corte, Haunted, el giro estilístico apunta hacia Depeche Mode y demás synth oscuro de los ochenta, aunque de primeras pueda recordar al revival italo disco de Italians Do It Better.

El petardeo surge de la nada en Implosion, que podría convertirse en himno en los garitos gays si no fuera porque por esos lares prima Eurovision y demás perezas musicales. La espléndida voz femenina en Rooms, junto a ese aire a los setenta en la interpretación y un pizpireto teclado la convierten en una de las mejores canciones. Más sosegado, pero también de aire muy cinematográfico, se muestra en Graves in the sky, protagonizada por poco más que la voz de Andrés y un piano. También intimista, pero en clave más sintética, se presenta Braindead spash, que aunque no despunta respecto al resto de cortes tampoco estorba. Tigers fighting spiders quizás funcione en una rave, pero sus 11 minutos acaban lastrando el buen ritmo del álbum, perjudicando a la jamesbondiana Killer Shangri-Lah y el aire lynchiano de Departure, que levantan el final del disco.

En general ambas facetas de un mismo artista se complementan adecuadamente, el problema llega cuando el álbum se muestra por momentos algo forzado en su empeño de asemejarse a otras influencias de carácter internacional. La ambición es de admirar (parece que de eso le sobra), pero que nunca se pierda la naturalidad y frescura, aunque también es verdad que debido a la obvia teatralidad de su propuesta este inconveniente se puede justificar en parte. Y además se percibe la evolución desde su debut hace un par de años, así que para su supuesta tercera incursión discográfica los resultados se antojan todavía mejores.

Puntuación: 7,25 I Escúchalo: Spotify

jarto

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