Doble crónica: Austra en Barcelona / Austra y Baths en Madrid (981Heritage SON Estrella Galicia)

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Barcelona

Muchos definen a Austra como un grupo de electro-pop dramático, y quizás el drama se acentuó el pasado martes en la sala 2 de Razzmatazz, ya que los canadienses tardaron más de cuarenta minutos en salir al escenario. De todas formas, poco importó, porque una vez la banda liderada por Katie Stelmanis salió al escenario, los cuatro presentes en escena se emplearon a fondo para demostrar que la espera no había sido en balde.

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Orgullosos -y no es para menos- de su segundo hijo de estudio, Olympia, empezaron tocando What we done?Forgive me y Painful like, es decir, las tres primeras canciones del álbum, en orden, quizás para que el público no se sintiera intimidado. Poco tardaron en meterse al bolsillo a un público más respetuoso que de costumbre (pocas voces se escuchaban en la sala aparte de la de Stelmanis y compañía, cuando intervenían los coros), por lo que cuando llegó Home Katie pudo dedicar más energías a bailar -de forma también dramática– que a intentar contentar a un público bastante encantado. La euforia de Home, tema que les ha hecho ganar un buen puñado de fans, no pudo ser igualada en ningún momento, ni siquiera con Lose it o Beat and the pulse, temas del primer álbum, por cierto, absolutamente geniales, sobre todo en directo.

Tras un breve parón de unos cuatro o cinco minutos, los canadienses volvieron a escena para interpretar Spellwork, canción con la que se dieron a conocer, y Annie (oh muse, you). ¿El resultado? Un concierto de menos de una hora, quizás muy poco para una banda con dos discos, pero que nos dejó a todos con buen sabor de boca.

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Emilio Morales / Fotos: Thom Masters y Hugo Rueda

Madrid

El 981Heritage SON Estrella Galicia, extinto en La Coruña, su lugar de origen, continúa preparando conciertos por toda la península con el indie como alimento espiritual y con la conocida marca de cerveza gallega como bebida de los dioses. En esta ocasión embarcaba en Madrid donde se desarrolló con Austra y Baths como protagonistas, en la sala Shôko de Madrid, por cierto, relativamente nueva en estos eventos y una más que tener en cuenta por su buena acústica y organización, de típico portero fornido y trato educado.

Para Austra ya era su segunda ocasión en la capital pero Baths se estrenaba. Comenzó este último, quién venía a presentar su último largo Obsidian en Anticon, sello respetado de experimento hip hip y electrónico. El proyecto del americano, sin embargo, corresponde más a una mezcla entre los tiempos pretéritos de Morr Music, inditronica, folktronica, y una especial afición a la creación de ritmos y breaks, en ocasiones más dulcificados y en otras más endemoniados como si fuera el drill’n’bass de los tiempos de Aphex Twin. El resultado en el escenario fue más que correcto, generando momentos de verdadero virtuosismo y en el que el papel de músico quedó latente en el piano y a los aparatos de su acompañante en el escenario. Otra cosa fue la voz Will Wiesenfeld quien, en ocasiones, entonaba unos agudos que desvirtuaban el conjunto y que pecaban por exceso de folk y naif. Batalla entre voz y breaks que calentó el terreno para los ya numerosos asistentes.

Baths

Austra ya conoce al público madrileño y sabe que la adoramos. Ya la pudimos ver en petit comité en la sala Nasti este verano, donde además de poder casi tocarla, el calor hizo que ella y el resto de la banda se quedaran en ropa interior de cintura para arriba. Pero ahora era otra historia, traídas por un patrocinador y en sala grande, los canadienses ya traían ropajes para concierto, luces especiales y puesta en escena marca de la casa. En la parte superior y formando parte de sus camisetas, asomaban unas ilustraciones ritualistas, de origen probablemente egipcio -a falta de confirmar- que le daba un toque hipster al asunto; además una formación de unas 6 pequeñas sombrillas con una luz colocada en su interior ofrecían juegos de luces cuyo resultado era simplemente gracioso. Qué vamos a decir de la voz de Katie Stelmanis y de Maya Popstesky –con perdón de los dos chicos al teclado- sino que son el peso de la banda y del directo. Presentaron nuevamente su Olympia y parte de su anterior entrega Feel It Break con las ganas, la energía y el corazón que le pone Katie a cada tema y con la apoteosis propia de la canción que les dio a conocer, Beat and The Pulse, que alargaron y hicieron crecer en intensidad sobre el escenario, como homenaje y agradecimiento a los comienzos de su éxito. La sala a rebosar, los grupis homosexuales alzando sus brazos, alguna gótica que otra y mucho curioso que probablemente entraron en lista, unidos por la causa común de disfrutar de la voz de Katie, que aunque no fue perfecta en muchas ocasiones, se disfrutó igualmente.

Cicuéndez

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