BIME (Bizkaia International Music Experience) en BEC, Bilbao

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Viernes

A pesar de los showcases de días previos, mi aventura bilbaína comenzó el viernes en el BEC, donde se celebraba el grueso del BIME, nuevo festival dirigido tanto a público como a profesionales del sector. Ya se anticipaba que la audiencia no iba a resultar abrumadora, pero en ningún momento el ambiente pecó de desangelado, y ver la mayoría de conciertos en primera fila sin pelearte con el resto era calidad de vida.

El portugués Davi Fonseca fue la primera parada, en el escenario 4, un lugar más parecido a un teatro ideal para conciertos de corte acústico y derivados. Potenciando su gracia y desparpajo respecto a sus discos, resultó toda una lección que dejó al radioformulero Passenger, que era a la misma hora y por el que me pasé un momento antes, como un sucedáneo algo más acertado que James Blunt. Que alguien solo toque con su guitarra no le hace más genuino que el resto, no. Fonseca se acompañaba de varios músicos y su propuesta, sin resultar la más movida del lugar, provocó que incluso algún asistente (éramos cuatro gatos) se levantase de su silla a “bailotear”.

A pesar de unos bajos que destrozaban cajas torácicas, el problema se resolvió y el encanto de John Grant se hizo con la atención del respetable, aunque le costó un poquillo. Presentando casi exclusivamente su Pale Green Ghosts, de primeras en su faceta electro pop más calmada faltó algo de chispa y no convenció del todo, pero cuando empezó su sección bailable (un par de canciones en realidad) el escenario se convirtió en una fiesta que enganchó a todos (lo que hace ponerse un poco petardo, ¿verdad?). Así allanó el terreno para su sección más sosegada y orgánica, donde, con él al piano en buena parte de los temas, se ganó el aplauso masivo (que emoción en la cabrona GMF). Y vaya vozarrón y presencia, a pesar de vestir estilo leñador. Si es que aunque la mona se vista de seda mona se queda, en este caso el mejor de los sentidos.

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A Grises se les podrá tachar de intrascendentes o de provocar diabetes ante tal nivel de azúcar, pero sus directos son la mar de divertidos. Sin embargo, incomprensiblemente, tocar en casa no les sentó del todo bien. O más bien al técnico de sonido. Pepinazos pop como Wendy o Después de todo de su último disco sonaban a pólvora mojada, culpa de un sonido demasiado contenido, que no llegaba vigoroso al público (y eso que me encontraba casi en primera fila). Y la cosa no mejorada, por lo que daba igual su energía escénica, esta se diluía.

Lo de Manic Street Preachers fue de juzgado de guarda. La verdad es que se les veía con ganas, mezclando nuevas canciones (las que menos) y grandes éxitos (a tutiplén), pero el sonido era tan rematadamente horrible que Motorcycle emptiness, A design for life o You stole the sun from my heart parecían parodias de la originales. Parece que algo se arregló el asunto (se podía pensar que uno se había acostumbrado, pero la calidad era tan ínfima que no cabía la posibilidad), y en el momento acústico de The everlasting, con James solo a la guitarra, brilló sobre el resto. Pero la decepción seguía planeando y se tornaba complicado disfrutar de auténticos temazos ante tal fustigamiento sonoro. Y además Patrick empezaba.

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Patrick Wolf siguió la estela de su última gira, por lo que su show se presentaba más comedido, aunque él se siga comportando como una diva, con sus inseguridades eso sí (cuando comentó el drama de los 30, por ejemplo). La sala a rebosar y él al piano, acompañado de varias instrumentistas (que nunca falte un arpa), el inglés regaló un directo que a pesar de su sencillez respecto a otras giras tampoco se podría calificar de sobrio. Repasando temas de toda su carrera y muy parlanchín, en realidad parece que espera que el público se entregue del todo cuando el formato tampoco acompaña. Pero al final él se basta y se sobra, y ni necesita de público para auto bombearse. Comprensible: siempre hemos estado ante un chico prodigio que en directo no ha perdido su magia.

Los bajos de Yuck comenzaron a enturbiar el directo de Patrick Wolf (y eso que ambos lugares tampoco lindan), pero por suerte solo en la recta final y sin demasiado dramas. La banda inglesa, que ha demostrado que se puede sobrevivir cuando tu frontman se larga, sonaron bien, sobre todo al final, tanto que incluso animaron a un público algo estático. No es menos cierto que programarles tan tarde y en un escenaio tan grande quizás no se perfiló como la mejor opción. De primeras se les vio algo difusos, pero fueron tomando confianza, y pasaron de temas como Get away, que no hizo justicia al original, a notables interpretaciones en directo, como Georgia, ambos de su debut, aunque los de su segundo disco brillaron alto. E incluso la aportación vocal de Mariko, su integrante femenina, nueva en estas lides, se agradeció y aporto cierto aire de frescura a su repertorio. No suponen la panacea, pero hacen bien su trabajo.

Sábado

Debido a la cancelación de Everything Everything, la organización puso a Supersubmarina ocupando su hueco, pero lo que se desconoce es porqué decidió adelantar un par de conciertos, por lo que These New Puritans comenzó media hora antes, pero por ejemplo Mercury Rev fue puntual. El caso es que llegué con el directo ya empezado, por lo que no pude vivir en condiciones la progresión en intensidad de su repertorio. Tampoco se les vio tan acertados como en el Día de la Música, y temas tan enormes como We want war se quedaron a medias. Sin embargo los espesos temas de su último disco sí mantuvieron su carácter bizarro e inquietante, aunque quizás no resulten los más indicados para un festival de estas características, por lo que el público no mostraba demasiada entrega,

The Belle Game es la típica propuesta que agrada pero no deja demasiado poso, aunque sobre un escenario quizás algo más, a pesar de que su impersonal estilo no se lo quita nadie. Eso sí, la dulzura de su vocalista encandilaba y se les podía perdonar todo (buena estrategia). Para pasar el rato, pero posiblemente no sabremos mucho de ellos próximamente.

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David Baker de Mercury Rev salió a escena con sus ya no tan chicos en su ya característico look granate para repasar su discografía, centrándose por supuesto en el espléndido Deserter’s Songs, reconociendo que le tiene especial cariño (normal, porque hay una cantidad de paja en su discografía…). El caso es que sin llegar al drama de Manic el viernes, el sonido tampoco deslumbraba por su claridad, pero en este caso no daban ganas de llorar y escapar, y el reverb de diferentes momentos camuflaba la carencias (tampoco estamos ante un concepto de pop cristalino y pulido). El carisma de Baker, su buena elección de temas, aunque no era un concierto para todos los públicos, y la profesionalidad de los músicos hicieron de su directo una experiencia notable. Vamos, que no marcará un antes y un después pero no se muestran forzados en su afán de seguir tocando a pesar de la ausencia de nuevo material. Les gusta lo que hacen, y eso se nota.

Gossip se encumbró como el concierto más divertido del día, con una calidad sonora envidiable y una Beth Ditto como siempre esplendorosa. Aparte de su conocida energía escénica y su vozarrón, nos deleitó con divertidos momentos como cuando nos preguntaba si Lady Gaga pensaría en ella, mofándose de su actitud, aunque finalmente reconoció ser fan; además de hacer referencia a los estrafalarios cortes de pelo que se ven por la ciudad, especialmente en las mujeres mayores (un clásico). El repertorio pudo resultar más certero, eso sí, y se echaron en falta ciertos clásicos, pero la fiesta estaba servida y el público lo daba todo, especialmente en Heavy cross, donde la locura se adueñó del foso. Beth no salvará la música, pero un buen rato con ella no te lo quita nadie. Y qué ganas entran de irse de farra con ella tras el concierto.

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Unos Green Day cantando en vasco era a lo que recordaban los chicos de Jupiter Jon, muy potentes en su actuación pero sin presentar nada que no hayamos visto antes. Aunque se alaba que una propuesta como esta, que no busca de la complicidad de los indies y modernos, tenga su hueco en un festival con este perfil. Instituto Mexicano del Sonido se levaron de calle a los asistentes que se acercaron a su escenario, en un jolgorio lleno de letras y melodías chorras pero altamente efectivas a aquellas horas de la noche. Mucho desparpajo de su peculiar líder, que alentaba a la pequeña masa a entregarse al completo ante tal despropósito intencionado. Y bien que lo hicimos.

Aunque no cerraba el festival, Dj Yoda se perfilaba como el broche final perfecto. La fama le precede, y está justificada. Mezclando todo lo habido y por haber, de country a hip hop, de r&b a música popular, de new wave a sixties, todo valía en la batidora sin prejuicios del dj. Y nunca sucede lo que uno espera. Si alguien quería una de esas sesiones que de tan evidentes aburren, esta no era la suya. Cuando creías que llega el estribillo te mete un loop que descoloca; pero ahí radica el encanto de su caótico estilo.

fotos: organización

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