Britney Spears – Britney Jean

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Que Britney publique nuevo disco siempre supone toda una celebración. Y no, no va con mala leche. A pesar de su eterno papel de marioneta suprema del pop, siempre la han rodeado de equipos competentes y sus álbumes no se limita(ba)n a tres singles y el resto morralla. Incluso reconozco que en su momento no supe ver el potencial de Femme Fatale, y aunque había temas que ni para un caras b de Ashlee Simpson, la mitad de los cortes se podían catalogar de trallazos. Otra razón por la que su vuelta siempre llama la atención, y en este caso SÍ que se debe gracias a su papel de marioneta, es para hacer apuestas de su implicación o dejadez en el trabajo, además de nivel de incoherencia respecto a lo que dice y lo que hace, reflejando como nadie los aspectos más criticados del showbusiness. Porque Britney está en el top 1 de juguetes rotos, y aunque no habría que alegrarse por ello, al menos este tipo de casos tan extremos ponen en entredicho las estratagemas escasamente éticas de la industria musical, dando además para varias tesis sociológicas sobre diferentes aspectos que representan la decadencia del ámbito cultural, y si extrapolamos, occidental.

Pero no es plan de irse por peteneras, aunque tampoco conviene desligarse demasiado del tema. Britney Jean nos lo ha vendido como su disco más personal (cuando una popstar dice tal barbaridad hay que echarse a correr). Vale, por una parte aparece en los créditos de todas las canciones, aunque uno se pregunta si su participación se basa en añadir un “baby” al final de una estrofa o si realmente se ha dejado la piel en el proceso creativo. Es de suponer que se acercará más al primer caso, pero al menos no solo se ha dedicado a pasar por el estudio de grabación, pegar un par de berridos nasales e irse cagando leches al Burguer más cercano. El caso es que Work bitch muy personal no sonaba, más allá de su carácter poligonero, porque personal no es sinónimo de dormir a las ovejas. Va lista si quiere que nos traguemos que está inspirada en la comunidad gay o en ideas marxistas viniendo de una mujer de la que dudamos que sepa expresar ideas más complejas que “that’s awesome”. Britney no se quitará el San Benito de “white trash” jamás, y no importa, pero que no nos venga de ilustrada o comprometida a estas alturas de la vida. Y si la canción realmente contase con subtexto no sería gracias a ella, sino a alguno de los tropecientos compositores extra.

Y luego está lo de escoger a will.i.am como productor ejecutivo del álbum. Vamos, que aunque no produzca un tema en su origen, él tiene la decisión en última instancia de qué entra y qué no, con la posibilidad de convertir equis composición en un engendro. Y quien dice “escoger” es que casi se lo impongan. Aquí reside el mayor drama: puede que Britney se haya implicado más, pero no lleva la batuta, nunca la ha llevado y nunca la llevará. Madonna, por ejemplo, siempre ha dirigido el proceso creativo, Britney se deja guiar. Que puede que la chica no dé para mucho, pero tantos años en la industria sirven de algo. Además, que te guíe Max Martin o Dr. Luke tiene un pase, pero a un bakala de mediopelo como will.i.am hay que bajarle sus aires de grandeza desde el minuto o el estudio de grabación acabará como La Fiesta Naranja; pero si además le das todo el poder estás (estamos) jodidos, porque llama a su amigo Guetta para un par de temas, y entonces ya suicidio colectivo. Y lo peor es que Britney suena desfasada y no siempre a ella misma. Ahí están Body ache y It should be easy, donde se juntan ambos monstruos, representando el chunda chunda más chusco y enlatado que ambos podían perpetrar, ideal para hace 4 años. Work bitch es puro megatron y pastis, pero destaca por un sonido más sofisticado y mejor acabado, así que el problema no está en el género, está en el Black Eyed Pea. Aquí dos ex Swedish House Mafia, sin suponer el súmmum del buen gusto, le frenan los pies y echan toda la carne en el asador para potenciar a una Britney que destila más actitud que en todo el disco (en este top a día de hoy se colocaría posiblemente en el 6). E incluso dentro del género se percibe cierto riesgo, renegando de un manoseado concepto melódico pop para centrase en el descaro vocal, la contundencia sonora y, quién lo diría, la temática.

Lo de will.i.am resulta tan dictatorial que hasta tomó Perfume, producida por Chris Braide, para incluir sus perlas sonoras (aunque en este caso se controla), y a modo de “venga chaval, te hago un favor” ha dejado que la original aparezca de bonus track como The dreaming mix, que como su nombre indica resulta más vaporosa. Es decir, había que “resolver” el hecho de que no contase con una marcada línea de base que aportase drama entre estrofa y estribillo. Y eso que ahí está la mejor balada de Britney (Everytime para más señas), donde la base se sostenía simplemente sobre un piano. A pesar de todo hay que dar gracias porque no haya terminado a modo de horror ravero. El tema, sin maravillar, es de lo mejor del álbum, muy superior a las otras dos “baladas”, Chillin’ with you, un despropósito entre acústico y r’n’b zorrupio con su hermanita, y Don’t cry, que no pasa de aceptable. A destacar está Alien, que aunque demuestre una vez más que William Orbit sigue anclado en 1998, como introducción cumple aunque se desinfle en el estribillo. Al electro-pop’n’b de Tik tik boom le sobra el rap de T.I. (que como la Aguilera solo triunfa con featurings) y la melodía podía estar mejor encauzada, pero mantiene el tipo, al igual que Til it’s gone, de nuevo reciclando a los Daft Punk de Discovery, aunque al fin y al cabo no decepcione en su papel de apañado club banger.

Luego está Passenger, un descarte de Prism de Katy Perry que produce Diplo, aunque se note bien poco, y que remite a los primeros años de la de Misisipi, sobresaliendo entre la mayoría de cortes. Sí, a eso se le llama segundo plato. Como sucede en álbumes pasados, en cuestión de bonus tracks, aunque no se tienen en cuenta en la valoración final, algún tema se posiciona muy por encima de los oficiales. En este caso Now that I found you, un cruce descarado entre Without you de Guetta y Usher, aunque el francés no participe, y Wake me up de Avicii, pero tremendamente efectivo. Brightest morning star ha sido la limosna que will.i.am le ha permitido a un Dr. Luke en horas bajas, y Hold on tight se presenta como otra balada anodina. Y “anodino” es el adjetivo que por cierto acompaña a buena parte de la escucha, lo que supone una gran decepción para un disco de la eterna aspirante a princesa del pop: provocan adicción u horror (e incluso al unísono), pero el ni fu ni fa queda para las mediocres. Hasta hoy. Si personal para Britney era esto, mejor que se acueste en la tumbona tomando un margarita esperando a que su equipo le haga un buen trabajo. Eso, y que no coja las llamadas al amigo de Fergie.

Puntuación: 5,5

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